Svetlana Grković tomó una decisión en décimas de segundo: aferrarse a las piernas de su marido mientras la mitad de su cuerpo colgaba fuera de un Boeing 737-800 de Ryanair a miles de metros de altura. El pasado viernes 10 de julio, una ventanilla de la aeronave se desprendió en pleno vuelo poco después del despegue desde Tesalónica, Grecia, con destino a Memmingen, Alemania, y su esposo, Ljubiša Karović, de 61 años, fue succionado hacia el exterior por la descompresión explosiva de la cabina.
“Reaccioné de inmediato y le agarré las piernas. Pensé: ‘Si morimos, morimos juntos’”, declaró Grković al medio serbio Nova.
Según relató la mujer a la emisora pública griega ERT, su marido llegó a estar “fuera hasta el pecho” durante aproximadamente dos minutos. El cinturón de seguridad, que Karović llevaba abrochado, fue el factor que permitió a otros pasajeros mantenerlo sujeto mientras su cabeza y hombros quedaban expuestos al exterior. Un intento de tapar el hueco con una maleta no sirvió de nada: la maleta también terminó succionada hacia afuera.
Los datos de seguimiento de vuelo muestran que la aeronave llevaba aproximadamente diez minutos en el aire cuando descendió de forma brusca unos 2,700 metros. De acuerdo con una fuente oficial de la aviación griega citada por ABC News, el Boeing 737 sufrió un fallo de motor no contenido: fragmentos desprendidos del propulsor derecho impactaron contra el fuselaje y rompieron la ventanilla del pasajero. Un asesor técnico contratado por la familia de Karović llegó a la misma conclusión, aunque esta evaluación aún no ha sido confirmada por los investigadores oficiales.
Karović perdió el conocimiento tres veces antes de que Grković y otros dos pasajeros lograran meterlo de nuevo al interior de la aeronave. Sufrió quemaduras, una lesión grave en una mano, y hasta el momento no recuerda nada de lo sucedido ni puede comunicarse con claridad. Fue trasladado al Hospital Universitario General AHEPA de Tesalónica; el consulado serbio informó que los médicos aún determinaban el alcance total de sus lesiones.
Grković también habló sobre el impacto emocional del hecho: contó que su esposo ahora se pone a temblar con solo escuchar hablar de aviones, y reconoció que ella misma atraviesa un momento psicológicamente muy difícil después de haber temido por la vida de ambos durante el incidente.
Ryanair confirmó que el vuelo regresó a Tesalónica poco después del despegue tras el desprendimiento de la ventanilla, que la aeronave “aterrizó con normalidad” y que un pasajero recibió atención médica en tierra. La aerolínea organizó un vuelo de reemplazo que salió de Tesalónica horas después. La aeronave, operada por Malta Air, filial de Ryanair, fue entregada por Boeing en 2008 y acumula 18 años de servicio.
El caso quedó en manos de la Autoridad Helena de Investigación de la Seguridad Aérea y Ferroviaria, aunque, al tratarse de una aeronave de fabricación estadounidense, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB) lidera la investigación. La Administración Federal de Aviación de EU (FAA), la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) y el propio fabricante Boeing participan como organismos colaboradores.
Claves del caso
Lo que hay que matizar
• Autoridades griegas y Reuters señalaron inicialmente que el estado de Karović «no era de riesgo vital»; su esposa, en cambio, lo describe como «gravemente herido y en estado de shock». Ambas versiones no son necesariamente contradictorias: una se refiere al pronóstico de vida y la otra a la gravedad de las lesiones.