¿Quiénes son “Los Rusos”? La historia detrás del grupo que amenazó a García Harfuch, y por qué no hay solo uno

Las amenazas contra el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, tras la captura de Govén Ulises “N”, alias “El Amarillo”, pusieron de nuevo en la conversación pública el nombre de “Los Rusos”. Pero detrás de esas dos palabras hay, en realidad, al menos dos organizaciones criminales distintas, con orígenes, territorios y estructuras separadas, que comparten nombre por una razón casi idéntica: ambas fueron bautizadas en honor a un líder apodado “El Ruso”.

El “Ruso” grande: brazo armado de La Mayiza en Mexicali

La organización más documentada y con mayor alcance opera en Mexicali, Baja California, y es liderada por Juan José Ponce Félix, alias “El Ruso”. Su historial se remonta a 2001, cuando comenzó como sicario, a los 19 años, a las órdenes de Gonzalo Inzunza Inzunza, “El Machoprieto”, lugarteniente del Cártel de Sinaloa en la zona que respondía directamente a Ismael “El Mayo” Zambada. Cuando la Marina abatió a “El Machoprieto” en diciembre de 2013, Ponce Félix se consolidó al frente de la célula, que para entonces ya operaba con entre 20 y 30 sicarios.

Con la captura y extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ponce Félix rompió con Los Chapitos y su organización se formalizó como el principal brazo armado de “La Mayiza”, la facción del Cártel de Sinaloa leal a la familia Zambada. La ruptura se profundizó durante el llamado “Culiacanazo” de 2019, cuando Los Rusos recibieron la orden de no participar en el intento fallido de rescate de Ovidio Guzmán, un episodio que terminó de cristalizar la división entre ambas facciones del cártel.

Este grupo controla rutas de tráfico de fentanilo, metanfetamina, cocaína y heroína hacia California y Oregon, además de tráfico de personas, extorsión, secuestro y sicariato en Mexicali, San Luis Río Colorado, el Valle de Mexicali y Agua Caliente. El gobierno de Estados Unidos ofreció una recompensa de 5 millones de dólares por la captura de Ponce Félix en septiembre de 2025, en el marco de indictments federales por narcotráfico, lavado de dinero, secuestro y armas, poco después de que el Cártel de Sinaloa fuera designado organización terrorista extranjera, en febrero de 2025.

El otro “Ruso”: la célula de Acapulco y la Costa Chica de Guerrero

La segunda organización, distinta en origen y estructura, es la que hoy amenaza a García Harfuch desde Guerrero. Fue fundada por Juan Carlos Rodríguez, también apodado “El Ruso”, quien operaba como sicario de Héctor Beltrán Leyva, “El H”, antes de ser detenido en julio de 2016. Cuatro meses después lo reemplazó Benito Escalante, “El Benny”. De acuerdo con un reporte de la Sedena de enero de 2022, el liderazgo pasó después a Carlos Alberto Navarrete Soriano, alias “El Ruso” o “El Colorado”, con operadores clave como Jesús Orlando Rodríguez Soriano (“El Gordo”), Víctor Leonel Piza Nogueda (“El Erizo”) y el propio Govén Ulisses Chávez Ramírez, “El Amarillo” o “El Gobén”, ya identificado entonces como parte de la estructura.

Esta célula guerrerense estableció, desde finales de 2015, una alianza con José Gil Caro Quintero, “El Jogil” o “El Pelo Chino”, sobrino de Rafael Caro Quintero y operador de “El Mayo” Zambada, lo que le da también una conexión —distinta a la de Ponce Félix— con el Cártel de Sinaloa. Opera principalmente en Acapulco y la Costa Chica de Guerrero, con presencia en colonias como Zona Diamante, Coloso, Costa Azul y Puerto Márquez, y se dedica a la extorsión de comerciantes, transportistas y prestadores de servicios turísticos, además del trasiego de cocaína mediante lanchas rápidas y avionetas por municipios como San Marcos, Tecoanapa y Ometepec. Según el propio reporte de la Sedena, este grupo no mantiene alianza con el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA/CIAC); ambas organizaciones compiten de forma directa por el control de actividades ilícitas en la ciudad.

Una organización con varias células, no una sola cadena de mando

La estructura de “Los Rusos” en Guerrero no responde a un mando único: opera como una red de células con relativa autonomía. En junio de 2026, la FGR vinculó a proceso a once presuntos integrantes de una red de extorsión distinta, liderada por Jesús Zamora Cervantes —quien antes de sus actividades delictivas fue oficial mayor de la Tesorería municipal de Acapulco y encabezó una comisión de transporte por designación estatal en 2018—, dedicada a cobrar “piso” a prestadores de servicios turísticos de las playas de la zona de Miguel Alemán. Días después, en septiembre, cayó Govén Ulises “N” con una célula distinta, dedicada según la FGR a extorsión, secuestro, homicidio y narcomenudeo en otras zonas de Acapulco.

Claves del caso
•  Existen al menos dos organizaciones criminales distintas en México que se hacen llamar “Los Rusos”, cada una nombrada en honor a un líder distinto apodado “El Ruso”.
•  La más documentada opera en Mexicali, Baja California, es liderada por Juan José Ponce Félix y funciona como brazo armado de “La Mayiza”, facción del Cártel de Sinaloa leal a la familia Zambada; EU ofrece 5 millones de dólares por su captura.
•  La otra opera en Acapulco y la Costa Chica de Guerrero, nació de remanentes de la organización de los Beltrán Leyva y mantiene, desde 2015, una alianza distinta con un sobrino de Rafael Caro Quintero.
•  Govén Ulises “N”, alias “El Amarillo”, detenido el 3 de septiembre de 2026, pertenece a la rama guerrerense, no a la de Ponce Félix.
•  Varios medios han confundido a ambas organizaciones en su cobertura reciente por compartir nombre; Tipómetro las presenta por separado con base en los reportes disponibles.
•  En Guerrero, el grupo opera mediante células con relativa autonomía, no bajo un mando único verificable.

Lo que sigue

Ninguna autoridad mexicana o estadounidense ha confirmado públicamente una relación operativa directa entre la célula guerrerense y la organización de Ponce Félix en Baja California, más allá de compartir el nombre y, en distintos momentos, alianzas con operadores ligados a la familia Caro Quintero y a “El Mayo” Zambada. Tipómetro dará seguimiento a si las autoridades de seguridad establecen —o descartan— formalmente algún vínculo entre ambas estructuras.