Documentos desclasificados muestran que la agencia estadounidense reportaba casi a diario desde México y que sus fuentes oficiales le dieron versiones contradictorias de lo ocurrido el 2 de octubre.
A 58 años de la matanza de Tlatelolco, los archivos de Estados Unidos siguen siendo una de las fuentes más consultadas para entender qué sabía Washington. Lo documentado es que la CIA espió al movimiento estudiantil y mantenía contactos dentro de la cúpula del gobierno mexicano. Lo que no está probado es que haya participado en la represión del 2 de octubre de 1968.
Una vigilancia casi diaria
Según un recuento publicado por El Universal, la CIA siguió a líderes estudiantiles durante meses, grabó conversaciones y asambleas escolares, y enviaba informes casi diarios a su sede en Langley. La agencia partía de la idea de que el movimiento recibía apoyo de Cuba y de la Unión Soviética. Los documentos, sin embargo, no encontraron evidencia concluyente de esa injerencia, y el mismo texto señala que la CIA reforzó la visión paranoica que Gustavo Díaz Ordaz tenía del movimiento.
LITEMPO: informantes en la cúpula
El National Security Archive, de la Universidad George Washington, documenta que la CIA operaba desde 1960 el programa LITEMPO, un canal no oficial para intercambiar información política sensible con funcionarios mexicanos. Entre los contactos identificados en esos archivos figuran Díaz Ordaz (LITEMPO-2), Luis Echeverría, entonces subsecretario de Gobernación (LITEMPO-8), y Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (LITEMPO-4). El programa lo manejaba Winston Scott, jefe de la estación de la CIA en México entre 1956 y 1969.
Informantes oficiales, versiones contradictorias
Los archivos muestran más un fracaso informativo que una operación. De acuerdo con el análisis del National Security Archive, Scott reportó versiones contradictorias de lo ocurrido en Tlatelolco, entre ellas que los estudiantes habían disparado primero, y sus fuentes oficiales le dieron relatos que coincidían con la versión del gobierno. La conclusión de ese análisis es que la CIA fue «estenógrafa» de sus amigos en el gobierno mexicano, y que no hay evidencia de que actuara por orden de la agencia el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial.
Echeverría y el informe de 1971
El 30 de septiembre de 2022 el National Security Archive publicó diez documentos de inteligencia y diplomáticos estadounidenses. Entre ellos, según Tribuna Económica, hay un informe de la CIA de enero de 1971 que concluye que Echeverría «comparte en gran medida la culpa» por la violencia en Tlatelolco. Se trata del análisis de una agencia extranjera, no de una prueba verificada por tribunales mexicanos.
Lo que sigue sin probarse
No existe evidencia pública de que la CIA haya participado directamente en la matanza más allá de la información y el asesoramiento que compartió con Díaz Ordaz. El académico Sergio Aguayo ha planteado como hipótesis que Scott sabía de la agresión planeada, pero El Universal la presenta como hipótesis y no como hecho. Kate Doyle, del National Security Archive, advierte que la ausencia de documentos hasta ahora no significa que algo no haya ocurrido, porque aún existen archivos sin desclasificar.