El Nobel que incomoda a los poderosos

A Navi Pillay la premian por defender que la ley también aplica a los fuertes. Su respuesta: insultos, sanciones y un berrinche por un premio ajeno

Redacción.- Cuando un premio incomoda tanto, algo se hizo bien. Navi Pillay, jurista sudafricana de 85 años que defendió a Nelson Mandela cuando hacerlo era peligroso, ganó el Nobel de la Paz. En menos de un día recibió el rechazo de Israel, el desprecio de Donald Trump y, horas después, nuevas sanciones de Washington contra la Corte Penal Internacional, donde fue jueza.

Antes de seguir, lo que debe decirse. Que la comisión de la ONU que ella presidió haya concluido que Israel es responsable de genocidio en Gaza es una conclusión que Israel rechaza, y es legítimo discutirla. Que el presidente del comité Nobel aclare que el premio no es un tribunal también es cierto. Pero una cosa es discutir un informe y otra reaccionar como lo hicieron.

De los argumentos a los insultos

Netanyahu dijo que el comité «ha perdido su brújula moral» y acusó a Pillay de intolerante. La Cancillería israelí fue más lejos y la comparó con Goebbels. Cuando el instrumento de la crítica es el insulto, y no la refutación del informe, se nota que no hay mucho argumento.

Trump, por su parte, la describió como una liberal de la ONU de la que nadie ha oído hablar, y dijo que el premio quedó desacreditado para siempre. Lo dijo en un mitin, mientras sostiene que él resolvió ocho guerras y merecía ganarlo. Nada más revelador: no atacó el premio por lo que reconocía, sino por no haber caído en sus manos.

El orden de los factores

La Casa Blanca anunció nuevas sanciones contra la CPI horas después de conocerse el premio. Nadie ha demostrado que una cosa causara la otra, y el Departamento de Estado habla de defender la soberanía estadounidense. Pero la coincidencia de fechas es demasiado cómoda para llamarla casualidad, y los hechos se leen mejor juntos que por separado: un gobierno que sanciona a un tribunal internacional el mismo día en que el mundo premia a una de sus juezas manda un mensaje sobre cuánto valen para él esas reglas.

Ese es el fondo. El comité Nobel dijo que el derecho internacional es hoy una necesidad fundamental para la paz y que sus instituciones están bajo presión. Se lo demostraron en tiempo real.

Lo que está en juego

No se trata de coincidir con cada conclusión de un informe de la ONU. Se trata de si existe un orden donde incluso los poderosos puedan ser investigados, o si ese orden solo sirve para castigar a los débiles. Cuando las potencias sancionan a los jueces, insultan a quien los defiende y desacreditan el premio que los honra, no están defendiendo su soberanía: están diciendo que la ley es un lujo que se aplica a los demás.

Pillay dedicó el premio a los sobrevivientes de crímenes internacionales y, con ironía, bromeó con compartirlo con Trump. Le queda bien la ironía: es la respuesta de quien tiene el derecho de su lado y no necesita insultar.