Los dos se admiran mutuamente y son los grandes referentes de la derecha radical en el continente. Pero cuando se analizan sus políticas concretas emerge una paradoja: Milei hace lo que Trump solo dice, y a veces hace cosas que Trump nunca se atrevería a hacer.
El día después de ganar las elecciones argentinas en noviembre de 2023, Javier Milei voló a Florida para reunirse con Donald Trump en Mar-a-Lago. Fue el primer líder extranjero en hacerlo. Milei llamó a la victoria de Trump ‘el regreso político más grande de la historia’. Trump dijo que estaba ‘muy orgulloso’ de él. La relación creció desde entonces: la administración Trump intervino en tribunales estadounidenses a favor de Argentina en el caso YPF, y Trump se adjudicó parte del crédito por la victoria electoral de Milei: ‘Estaba perdiendo, lo respaldé y ganó de una manera aplastante’.
Pero más allá de la amistad personal, la pregunta que se hacen los analistas políticos es más profunda: ¿son realmente iguales? ¿O Milei es, en la práctica, una versión más radical del fenómeno que Trump representa?
| «Lo amo porque me ama.» — Donald Trump, explicando su relación con Javier Milei en un acto de campaña. |
1. En economía: Milei va donde Trump no se atreve
La diferencia más profunda y paradójica es económica. Trump es proteccionista: impone aranceles, defiende la industria nacional, interviene en la economía. Milei es exactamente lo contrario: es un libertario radical que quiere eliminar toda intervención del Estado. Desde diciembre de 2023 hasta febrero de 2026 redujo la planta de empleados públicos en 64,521 cargos —una caída del 18.9% en dos años. Tiene una motosierra dorada sobre su escritorio en Casa Rosada. En abril de 2026 ordenó a sus nueve ministros recortar el 2% del gasto corriente y el 20% del gasto de capital. ‘La motosierra no se detiene’, declaró esta semana.
Trump nunca hizo nada remotamente parecido. El Estado federal de Estados Unidos tiene más empleados hoy que cuando Trump llegó por primera vez al poder en 2017.
| TRUMP: política económica | MILEI: política económica |
| Aranceles para proteger industria | Desregulación total, libre mercado irrestricto |
| Subsidios a sectores estratégicos | Eliminación de subsidios y empresas públicas |
| Déficit fiscal sostenido | Obsesión con superávit y déficit cero |
| Intervención selectiva del Estado | Reducción estructural al mínimo posible |
| Proteccionismo comercial | Apertura comercial sin restricciones |
2. En la demolición institucional: más rápido y más lejos
Trump desafió a las instituciones con retórica incendiaria pero gobernó dentro de ellas —con fricciones, con escándalos, pero dentro del sistema. Tuvo dos impeachments y los sobrevivió. Sus iniciativas más extremas fueron frenadas por los tribunales, el Congreso o su propio partido.
Milei llegó a Argentina con instituciones más débiles y las desafió de forma más directa. Llamó ‘nido de ratas’ al Congreso. Calificó al papa Francisco —argentino como él— de ‘representante del mal en la Tierra’. Cerró la agencia de noticias estatal Télam. Cuestionó la existencia del banco central de su país. Y en las elecciones legislativas de 2025 consolidó el bloque más grande en ambas cámaras, obteniendo el tercio necesario para ratificar sus vetos presidenciales. Lo que en Trump fue resistencia al sistema, en Milei se convirtió gradualmente en control del sistema.
3. En política exterior: Milei quema puentes, Trump negocia
Trump pelea con China pero negocia con China. Impone aranceles pero mantiene canales diplomáticos. Su política exterior es transaccional. Milei rompió relaciones con China y Brasil —los dos socios más importantes de Argentina— por razones ideológicas, antes de calcular las consecuencias. Llamó a Xi Jinping ‘asesino’ y a Lula ‘corrupto de izquierda’. Después tuvo que recular parcialmente ante la realidad comercial. Milei aplicó primero la ideología y preguntó después.
4. En el alineamiento con EE.UU.: subordinación sin precedente
Ningún líder latinoamericano en décadas ha tenido con Washington una relación de subordinación tan explícita y voluntaria como Milei. Respalda la postura de EE.UU. en el conflicto con Irán aunque Argentina no tenga intereses directos. Acepta las condiciones del FMI —históricamente resistidas en Argentina— con entusiasmo. Para sus críticos, no tiene política exterior propia: tiene la política exterior de Trump. Para sus defensores, es el primer líder latinoamericano que trata a Estados Unidos como un aliado genuino en lugar de una amenaza.
5. La variable que lo explica todo: las instituciones
La clave para entender por qué Milei parece más extremo que Trump no está en la ideología sino en el contexto institucional. Trump gobernó Estados Unidos: Congreso poderoso, Corte Suprema independiente, prensa libre, sociedad civil organizada. Todos esos frenos limitaron lo que pudo hacer en la práctica.
Milei llegó a Argentina con instituciones más frágiles, una historia de crisis que erosionaron la confianza en el Estado, y una población dispuesta a apoyar reformas radicales porque el modelo anterior había fracasado espectacularmente. En ese terreno, la misma ideología produjo resultados más extremos porque encontró menos resistencia.