Washington, 19 de agosto de 2026. La deuda pública de Estados Unidos superó este martes, por primera vez en la historia, la marca de los 40 billones de dólares (40 trillion dollars, en la nomenclatura estadounidense), de acuerdo con datos del Departamento del Tesoro. El hito llega apenas cinco meses después de que la deuda rebasara los 39 billones, un ritmo de acumulación que economistas y organizaciones fiscales han calificado como alarmante.
Según cifras del Tesoro, la deuda total se ubicó en 40.05 billones de dólares, de los cuales 32.26 billones corresponden a bonos y valores en manos de inversionistas privados, fondos de pensiones, bancos centrales extranjeros y otros acreedores, mientras que 7.78 billones son obligaciones internas del propio gobierno, como los fondos fiduciarios de la Seguridad Social.
Una deuda que se duplicó en menos de una década
La cifra actual representa más del doble de los 19.95 billones de dólares que Estados Unidos debía en enero de 2017. Ese crecimiento se distribuye, según análisis periodísticos basados en datos del Tesoro, de la siguiente manera: 11.6 billones de dólares se sumaron durante los dos periodos presidenciales de Donald Trump —incluidos 3.8 billones acumulados solo entre enero de 2025 y agosto de 2026—, mientras que 8.4 billones se agregaron durante la presidencia de Joe Biden.
En términos per cápita, la deuda equivale a aproximadamente 117 mil dólares por cada estadounidense, o cerca de 297 mil dólares por hogar. Como referencia de magnitud, el monto total —40 billones de dólares— es comparable a la suma del Producto Interno Bruto de China, Alemania, Japón, el Reino Unido e India.
De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la deuda equivale actualmente al 125.8% del Producto Interno Bruto estadounidense, es decir, supera todo lo que el país produce en un año. Solo ocho naciones en el mundo tienen una proporción deuda-PIB más alta que Estados Unidos.
El peso creciente de los intereses
Uno de los efectos más visibles del aumento de la deuda es el costo del servicio de la misma. Durante los primeros diez meses del año fiscal 2026, el pago de intereses se convirtió en la segunda partida más grande del presupuesto federal, únicamente por detrás del gasto en Seguridad Social, superando ya al gasto en Medicare. En el año fiscal 2025, el pago de intereses superó por primera vez al gasto del Pentágono en defensa nacional.
El gasto anual en intereses ronda ya el billón de dólares —con un incremento de alrededor de 15% respecto al año anterior—, impulsado por el aumento de las tasas de interés y por el hecho de que buena parte de la deuda debe refinanciarse periódicamente a tasas más altas que las de años anteriores. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años alcanzó recientemente su nivel más alto en 19 años, mientras que la tasa hipotecaria promedio a 30 años se ubica cerca del 6.7%.
Solo en julio de 2026, el gobierno estadounidense registró un déficit mensual de 432 mil millones de dólares, el cuarto más alto en la historia del país. En lo que va del año fiscal, el déficit acumulado ya superó el total registrado en todo el año fiscal anterior.
Por qué crece tan rápido
Analistas y organizaciones especializadas en política fiscal atribuyen el fenómeno a una combinación de factores estructurales y de decisiones políticas recientes:
El envejecimiento poblacional continúa elevando el número de beneficiarios de programas como la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, que en conjunto representan alrededor del 60% del gasto federal obligatorio. A esto se suman los recortes fiscales aplicados durante las últimas dos décadas, que han reducido los ingresos del Tesoro sin una reducción equivalente del gasto.
La más reciente legislación fiscal impulsada por la actual administración, conocida como «One Big Beautiful Bill», se estima que añadirá 4.2 billones de dólares adicionales al déficit hacia 2034, según cálculos citados por organismos de vigilancia presupuestaria. A ello se suman los efectos heredados de dos grandes crisis económicas —la Gran Recesión de 2008-2009 y la pandemia de covid-19 a partir de 2020—, que obligaron a ambos partidos a desplegar paquetes masivos de gasto de emergencia.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, amplió recientemente las operaciones de recompra de bonos a 10 y 30 años a un mínimo de 4 mil millones de dólares por operación, en un esfuerzo por sostener el funcionamiento ordenado del mercado de deuda estadounidense.
Voces de alerta
«La deuda federal ya está elevando el costo de vida y asfixiando otros gastos e inversiones, amenazando nuestra economía», advirtió Margaret Spellings, presidenta del Bipartisan Policy Center, quien calificó los 40 billones de dólares como una «alarma que debería despertarnos».
En el mismo sentido se pronunció Maya MacGuineas, presidenta del Committee for a Responsible Federal Budget, quien señaló que el nivel de endeudamiento «puede presionar la inflación, limitar los recursos para otras prioridades y reducir el margen de respuesta ante emergencias».
Michael Peterson, de la Peterson Foundation, advirtió que el alza en las tasas del Tesoro se traduce directamente en mayores costos para las familias a través de hipotecas, préstamos automotrices y tarjetas de crédito, en un fenómeno conocido como «desplazamiento» (crowding out), en el que el pago de intereses de la deuda compite cada vez más por espacio presupuestario con otros programas.
No todas las voces coinciden en el grado de urgencia. Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research, matizó que existen amenazas económicas más inmediatas —como los aranceles comerciales o tensiones geopolíticas— que ameritan mayor atención que el nivel de deuda en sí mismo. Carolyn Bourdeaux, de la organización Concord Action, coincidió en que la cifra «debería ser una alarma despertadora» para el Congreso, que hasta ahora no ha presentado un plan creíble para frenar el crecimiento de la deuda.
Lo que viene
De mantenerse la trayectoria actual de déficits, la deuda estadounidense podría alcanzar los 50 billones de dólares en un plazo de entre seis años, según proyecciones citadas por medios especializados, sin que exista en el horizonte inmediato un acuerdo bipartidista en el Congreso para revertir la tendencia. Analistas advierten que mientras más se postergue una corrección fiscal, más limitadas y dolorosas serán las opciones disponibles para enfrentarla en el futuro.