Las privatizaciones de Salinas: cómo nació la élite empresarial que aún domina México

En 1988, en México había una sola familia multimillonaria reconocida por la revista Forbes: los Garza Sada, de Monterrey.

Seis años después, al terminar el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, esa lista había crecido a 23, incluso 24 familias, con una fortuna conjunta de casi 42 mil millones de dólares.

¿Qué pasó en medio? Salinas vendió al sector privado 390 empresas del Estado. Casi dos terceras partes de todas las que existían.

Bancos, la telefónica nacional, minas, aceroras, canales de televisión pública. Todo salió a remate en apenas seis años.

Y quienes compraron esas empresas no solo se hicieron ricos: construyeron los monopolios y cuasi-monopolios que hoy, más de tres décadas después, siguen fijando el precio del teléfono, del banco y hasta del acero en México.

Esta es la historia de ese remate, y de los nombres que salieron ganando.

EL TELÉFONO DE TODOS SE VUELVE DE UNO SOLO

En 1990, el gobierno vendió Teléfonos de México, Telmex, la compañía telefónica estatal.

El comprador fue un consorcio encabezado por Carlos Slim, entonces un empresario conocido pero no excepcionalmente rico, junto con France Télécom y Southwestern Bell.

Un año después de esa compra, Slim entró por primera vez a la lista de multimillonarios de Forbes. Para 1994, su fortuna ya se calculaba en 6 mil 600 millones de dólares.

Telmex se vendió con una condición: operaría como monopolio protegido varios años más antes de abrirse a la competencia. Ese blindaje regulatorio es, según especialistas, tan importante como la compra misma para explicar el tamaño que alcanzó después el imperio de Slim, hoy Grupo Carso, América Móvil y decenas de empresas más.

LA BANCA QUE EL ESTADO NACIONALIZÓ Y LUEGO REGALÓ

Nueve años antes, en 1982, el entonces presidente José López Portillo había nacionalizado la banca. Salinas hizo lo contrario: entre 1991 y 1992 reprivatizó los 18 bancos que estaban en manos del Estado.

Banamex, el banco más grande del país, fue comprado en 1991 por Accival, la casa de bolsa fundada por Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú. Con esa operación nació el Grupo Financiero Banamex-Accival. Para 1994, la fortuna de Hernández se calculaba en mil 200 millones de dólares.

Otro banco, Banorte, terminó en manos de Roberto González Barrera, el mismo empresario detrás de Grupo Maseca y Gruma, la maicera más grande de México. Su fortuna en 1994: mil 100 millones de dólares.

Lo que pocos recuerdan es lo que vino después: apenas tres años más tarde, en la crisis de 1994-1995, varios de esos bancos recién privatizados colapsaron. El rescate salió del bolsillo de los contribuyentes, a través del Fobaproa. Es decir: se privatizaron las ganancias y, poco después, se socializaron las pérdidas.

EL COBRE DE CANANEA Y EL NACIMIENTO DE UN GIGANTE MINERO

En agosto de 1989, el gobierno declaró en quiebra a Mexicana de Cobre, la empresa estatal que operaba la mina de Cananea, en Sonora. Fuerzas federales llegaron a tomar la planta.

El activo se vendió por mil 300 millones de dólares a Fomento Industrial del Norte, la empresa de Jorge Larrea Ortega. De esa operación nació lo que hoy es Grupo México, ahora dirigido por su hijo, Germán Larrea, uno de los hombres más ricos de América Latina.

La compra se hizo, en palabras de quienes la han investigado, prácticamente en secreto. Décadas después, la operación sigue señalada como uno de los repartos más opacos de todo el salinismo.

EL ACERO VENDIDO A PRECIO DE REMATE

También en 1991, el gobierno vendió Altos Hornos de México, AHMSA, la siderúrgica más grande del país, al empresario Alonso Ancira.

El precio: 145 mil millones de pesos de la época. Un análisis de la UNAM calculó después que esa cifra representaba apenas una quinta parte del valor real de la empresa.

Tres décadas más tarde, AHMSA terminaría en quiebra, con miles de trabajadores afectados y Ancira señalado en escándalos de corrupción, incluido el caso Odebrecht-Pemex.

DE CANAL DEL ESTADO A TV AZTECA

En 1993, el gobierno privatizó Imevisión, los canales públicos 7 y 13. El comprador fue Ricardo Salinas Pliego, al frente de Grupo Radio Televisora del Centro.

Así nació TV Azteca. Para 1994, la fortuna de Salinas Pliego ya se ubicaba en mil 200 millones de dólares.

Vale una aclaración: Televisa, con Emilio Azcárraga Milmo al frente, no fue una empresa privatizada, porque ya era privada. Pero su expansión durante esos años se benefició del mismo entorno: concesiones y una relación cercana con el poder que, según especialistas, fue determinante para que Televisa se consolidara como el gigante mediático que fue durante décadas.

DE UNA FAMILIA A VEINTITRÉS

El resultado completo del sexenio se puede resumir así: cuando Salinas llegó a la presidencia, México tenía una sola familia multimillonaria según Forbes. Cuando se fue, tenía entre 23 y 24, con una fortuna conjunta cercana a los 42 mil millones de dólares.

Entre los nombres que aparecen en esa lista, además de los ya mencionados, están Alberto Bailléres, con la minera Peñoles; la familia Zambrano, al frente de Cemex; la familia Arango, que vendió después Bodega Aurrerá a Walmart; y Alejo Peralta, con Grupo IUSA e Iusacell en telefonía celular.

No todos construyeron su fortuna comprando directamente una empresa del Estado. Algunos, como Bailléres o Zambrano, ya tenían negocios previos que se expandieron en ese entorno de desregulación y cercanía con el gobierno. Pero todos coinciden en algo: hicieron sus fortunas más grandes, o las hicieron por primera vez, durante esos seis años de remate.