El clérigo de 56 años, sin experiencia en cargos públicos pero con estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria, asume el máximo poder del régimen islámico en medio de bombardeos y guerra abierta con EE.UU. e Israel.
TEHERÁN / QOM. — La Asamblea de Expertos de Irán, el órgano de 88 clérigos responsable de nombrar al Líder Supremo, designó a Mojtaba Khamenei como el nuevo máximo dirigente de la República Islámica, en sustitución de su padre, el ayatolá Ali Khamenei, fallecido el pasado sábado tras un ataque conjunto atribuido a Estados Unidos e Israel. El anuncio oficial se hará público después del funeral del líder fallecido, cuyas ceremonias están previstas para iniciar el miércoles próximo.
La información fue revelada en primera instancia por el medio opositor Iran International y posteriormente replicada por el New York Post, medios israelíes y agencias internacionales. Aunque Teherán no ha emitido una confirmación oficial, la designación fue celebrada por sectores de línea dura dentro del régimen, quienes consideran tanto a Ali como a Mojtaba Khamenei como “mártires de la guerra contra EE.UU. e Israel”.
¿Quién es Mojtaba Khamenei?
Nacido en 1969 en la ciudad santa de Mashhad, Mojtaba Khamenei es el segundo hijo varón del fallecido líder. Clérigo chiita de rango medio, se especializó en teología y en 1999 continuó sus estudios en Qom, donde recibió la investidura clerical. Hasta su designación, enseñaba teología chiíta en un seminario en esa misma ciudad, considerada el centro de la vida religiosa iraní.
A pesar de nunca haber ocupado un cargo público oficial, Mojtaba fue descrito por analistas internacionales como una especie de “guardián” dentro del círculo de su padre: una combinación de ayudante de campo, confidente y corredor de poder. En 2019, el gobierno de Estados Unidos le impuso sanciones por actuar como representante del Líder Supremo y por mantener estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria y su Fuerza Quds.
La Guardia Revolucionaria, el poder detrás del trono
Según el medio Iran International, la designación de Mojtaba habría sido “blindata” bajo presión del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), que busca garantizar un liderazgo que mantenga la línea dura y la capacidad de represalia militar frente a los ataques estadounidenses e israelíes. Gran parte del alto mando iraní fue diezmado en el reciente conflicto, lo que fortaleció el peso político de la Guardia en la toma de decisiones estratégicas.
Una sucesión que rompe con la tradición
El ascenso de Mojtaba al poder máximo es históricamente polémico, ya que la República Islámica cimentó su legitimidad en la crítica al sistema monarquico hereditario del sha. Sin embargo, analistas señalan que el contexto de guerra, la pérdida masiva de cuadros de liderazgo y la necesidad de continuidad política orillaron a la Asamblea de Expertos a priorizar la estabilidad del régimen sobre la doctrina.
Acusaciones sobre su fortuna personal
Una investigación de un año realizada por la agencia Bloomberg, publicada en enero de 2026, informó que Mojtaba está vinculado a una red financiera internacional utilizada para transferir activos fuera de Irán. Las propiedades reportadas incluyen bienes raíces de alto valor en Londres y Dubái, así como intereses en transporte marítimo, banca y hoteleria en Europa. El Departamento del Tesoro de EE.UU. también acusó que se habrían transferido 1,500 millones de dólares en criptomonedas a una cuenta en Dubái con su participación.
La reacción de Trump e Israel
El gobierno de Donald Trump declaró que “el tiempo para las negociaciones ha terminado” y que no reconoce la legitimidad del nuevo liderazgo iraní. Israel, por su parte, advirtió que el nuevo Líder Supremo será considerado “un objetivo militar”, anticipando una posible profundización del enfrentamiento bélico.
Los retos inmediatos del nuevo líder
Mojtaba Khamenei asume el poder en las circunstancias más críticas desde la Revolución Islámica de 1979, con los siguientes desafíos inmediatos:
Contener la crisis económica agravada por sanciones internacionales y la destrucción de infraestructura petrolera.
Coordinar la respuesta militar contra ataques de EE.UU. e Israel, incluyendo bases en la región.
Evitar fracturas en el estamento clerical que cuestionen la legitimidad de la sucesión dinástica.
Gestionar el colapso logístico derivado del cierre del espacio aéreo y la destrucción de centros de mando.
Fuentes: Iran International, La Nación, Infobae, Bloomberg, AP, El Tribuno