Juan Hernández entró a SpaceX en 2015 sin saber qué era la empresa, ganando $28 dólares la hora; once años después, sus 6,500 acciones valen más de un millón de dólares; hoy trabaja para Jeff Bezos en Blue Origin
Juan Hernández tenía 31 años cuando un amigo lo convenció de solicitar empleo en una empresa llamada SpaceX. Era 2015. “Pensé, para mis adentros: no sé qué es SpaceX, pero vamos”, contó a CBS News. Aceptó el trabajo de soldador a 28 dólares la hora. Hoy tiene 42 años, es supervisor de Blue Origin — la empresa aeroespacial de Jeff Bezos — y el día del debut bursátil de SpaceX en el Nasdaq, sus aproximadamente 6,500 acciones cerraron a 160.95 dólares cada una. Su patrimonio superó el millón de dólares.
La historia de Hernández es la historia que más ha circulado de la mayor salida a bolsa de la historia financiera mundial. No porque sea la más grande en términos económicos — Elon Musk se convirtió en el primer “trillonario” de la historia con el 43% de la empresa —, sino porque representa algo que rara vez ocurre: un inmigrante mexicano que suelda cohetes y termina millonario por haber apostado al proyecto correcto en el momento correcto.
| CÓMO SE CONSTRUYÓ LA FORTUNA: $10,000 QUE NADIE VALORÓ |
Cuando Hernández pasó de contratista a empleado permanente en SpaceX, la dirección le ofreció un paquete de acciones valuado en 10,000 dólares. En ese momento, el beneficio le pareció menor. Las acciones de una empresa privada no tienen precio de mercado público y su valor depende de rondas de inversión internas que los trabajadores de planta rara vez siguen de cerca. Hernández aceptó, guardó las acciones y siguió soldando.
Con el tiempo, comenzó a comprar más títulos usando descuentos de nómina, los eventos de liquidez semestrales que SpaceX ofrecía a sus empleados para vender parte de sus participaciones. A diferencia de otros que vendieron para pagar deudas o financiar gastos, Hernández mantuvo la mayor parte de su paquete. Diez años después de entrar a la empresa, ese hábito de retención lo convirtió en millonario.
Ascendió de soldador a supervisor durante su década en SpaceX, participando en la fabricación de estructuras clave para los sistemas de lanzamiento de la compañía. Dejó la empresa antes del IPO y hoy trabaja en Blue Origin, competidora directa de SpaceX. Pese a su nueva situación económica, aseguró que no piensa dejar de trabajar y que quiere transmitir a sus hijos lo que aprendió sobre inversión.
| EL DATO QUE NADIE MENCIONA: BROWNSVILLE, TEXAS |
La historia de Hernández no ocurre en las oficinas corporativas de Hawthorne, California. Ocurre en el ecosistema de Starbase, la instalación de lanzamiento de SpaceX ubicada en Brownsville, Texas — la ciudad gemela de Matamoros, al otro lado del Puente Internacional. SpaceX emplea a más de 3,000 personas en esa zona, la mayoría en roles técnicos y manuales: soldadores, maquinistas, técnicos de lanzamiento. Brownsville es una de las ciudades más pobres de Estados Unidos. SpaceX llegó y la transformó.
Según Euronews, el paquete inicial de acciones concedido a un soldador de Starbase, valuado en 10,000 dólares en 2015, se estimaba en cerca de 880,000 dólares antes incluso de la salida a bolsa. El día del debut, ese valor superó el millón. Los gestores de patrimonio de la zona describieron a Bloomberg un ambiente de “notable ansiedad” entre los empleados: para muchos es su única oportunidad de crear riqueza intergeneracional, y el momento en que venden — y cómo manejan los impuestos — puede hacer una diferencia de cientos de miles de dólares.
| LA ESCASEZ DE SOLDADORES QUE POCOS CONOCEN |
La historia de Hernández ilumina una realidad del mercado laboral que no suele aparecer en los titulares. Ruchir Shah, director ejecutivo de Skillcat — plataforma de capacitación de oficios técnicos —, dijo a Fortune: “Encontrar un buen soldador es igual de difícil que encontrar un buen desarrollador de software, si no es que más, porque hay una escasez masiva”. Las empresas aeroespaciales, automotrices y de manufactura avanzada compiten por un perfil que las universidades no producen y que los sistemas de formación vocacional han tardado en atender.
SpaceX resolvió parte del problema con el modelo de compensación accionaria: ofreció acciones a sus trabajadores de planta como incentivo para atraer y retener talento técnico en una industria de alta exigencia. El resultado, once años después, es que más de 4,400 empleados y exempleados se convirtieron en millonarios — no solo los ingenieros y ejecutivos, sino los soldadores, los maquinistas y los técnicos de lanzamiento.