Del zaguán de su casa a un imperio de 400 millones de dólares: quién es Marco Antonio Campos, el fundador de La Casa de Toño

A sus 18 años vendía quesadillas para pagar la universidad; hoy su cadena de pozole y antojitos negocia una posible venta que podría llevarla a Estados Unidos y Latinoamérica

Marco Antonio Campos, mejor conocido como “Toño”, transformó un modesto puesto de comida instalado en el zaguán de su casa familiar en una de las cadenas de restaurantes más exitosas de la Ciudad de México. La historia de La Casa de Toño volvió a los reflectores luego de que la empresa contratara a BBVA México como asesor financiero exclusivo para explorar una posible venta valuada en cerca de 400 millones de dólares.

Claves del caso • En 1978, con 18 años y como estudiante de Derecho, Campos comenzó a vender quesadillas y tacos en un puesto callejero de la colonia Clavería, Azcapotzalco. • El negocio se llamó primero “Las Dos Poblanas”, en honor a su madre y su abuela, originarias de Puebla, quienes preparaban los guisos. • En 1985, al prohibirse la venta de comida en la vía pública en el entonces Distrito Federal, su padre le propuso trasladar el negocio al zaguán de la casa familiar, en la calle Floresta #77. • Ahí surgió el pozole que definiría a la marca; los clientes comenzaron a llamar al lugar “La Casa de Toño” hasta que el apodo se volvió el nombre oficial. • Hoy la cadena tiene más de 80 sucursales en la Ciudad de México y el Estado de México, sin operar bajo modelo de franquicias.

De la banqueta al zaguán familiar

Campos vendía sus quesadillas para ayudar a pagar sus estudios de Derecho en la Universidad del Valle de México. La popularidad del puesto creció rápido en la colonia Clavería, hasta que las autoridades capitalinas prohibieron la venta de alimentos en la vía pública. En lugar de cerrar el negocio, la familia abrió las puertas de su propia casa a los comensales: la vivienda se convirtió en restaurante, y ahí nació uno de los platillos que hoy define a la marca, el pozole, junto con los flanes caseros.

El éxito del negocio fue tal que Campos abandonó la carrera de Derecho para dedicarse de tiempo completo al restaurante. Con el paso de los años, la familia fue adaptando más habitaciones de la casa para instalar mesas y ampliar la cocina, hasta que, ya en la década de 2000, La Casa de Toño inició su expansión formal hacia otras zonas de la capital.

Según reportes de la revista Forbes, Campos apostó desde los primeros años por llevar un control detallado del presupuesto, pagar impuestos y cumplir puntualmente con sus proveedores, una disciplina que permitió a la empresa crecer sin recurrir al modelo de franquicias.

Un imperio familiar que ahora mira al extranjero

De acuerdo con reportes basados en información de Bloomberg, La Casa de Toño contrató a BBVA México como asesor financiero exclusivo para explorar una posible operación de venta, valuada en más de 400 millones de dólares. Campos conserva actualmente alrededor del 95% de las acciones de la empresa. Si la operación se concreta, la marca podría expandirse más allá de la Ciudad de México y el Estado de México, hacia otros mercados de México, Estados Unidos y América Latina.

Pese al interés financiero que ha despertado la posible venta, la empresa se mantiene como un caso poco común dentro del sector restaurantero mexicano: una cadena de más de 80 sucursales construida sin franquicias, financiada con recursos propios y sostenida durante casi cinco décadas por la misma familia fundadora.