El actor mexicano denunció que los precios de los boletos del Mundial son “imposibles” para la mayoría de los mexicanos; González Iñárritu hizo eco de la misma crítica
El actor y director Diego Luna encendió el debate esta semana con una crítica directa al Mundial de Fútbol 2026: el torneo se celebra en México, pero la gran mayoría de los mexicanos no puede pagarlo. Sus declaraciones, dadas en el marco de la promoción de su película México 86 (Netflix), resonaron en medios de ambos lados del Atlántico.
| “Los precios son imposibles para un país como México, pero yo también diría que imposibles para la gente que regularmente va al fútbol.” |
Luna utilizó una metáfora contundente en entrevista con la Cadena SER de España: el fútbol se ha convertido en “la ópera”. Un espectaculo que culturalmente pertenece al pueblo, pero que en la práctica solo pueden costear las clases altas y los turistas extranjeros.
La comparación tiene sustento en los números. Los boletos para la fase de grupos del Mundial arrancaron en varios miles de pesos en venta oficial, en un país donde el salario mínimo ronda los 280 pesos diarios. En reventa, algunos llegaron al millón de pesos. En 1986, la última vez que México fue sede, la entrada al estadio representaba el equivalente a un par de días de trabajo para un obrero promedio.
Luna no es el único cineasta mexicano en alzar la voz. El director Alejandro González Iñárritu también cuestionó, semanas atrás, la creciente comercialización con la que la FIFA ha transformado el torneo. Ambos señalan el mismo fenómeno: un evento que se vende como fiesta popular, pero que funciona como negocio de élite.
El propio Luna produce y participa en la serie documental sonora Cambiar la historia (Audible), en la que analiza cómo los mundiales de fútbol han servido históricamente como herramienta de propaganda y legitimación política, desde Mussolini en 1934 hasta Qatar 2022.
LA FIFA Y EL NEGOCIO GLOBAL
La FIFA proyecta recaudar más de diez mil millones de dólares con el Mundial 2026, el primero en jugarse con 48 selecciones. Los derechos de televisión, los patrocinios corporativos y los palcos VIP son el motor financiero del torneo. El aficionado de a pie — el que llena los estadios de Liga, el que crece viendo fut en la televisión abierta — ocupa cada vez menos espacio en esa ecuación.
Para un trabajador de Matamoros, de Reynosa o de cualquier ciudad fronteriza, el Mundial se juega literalmente en su país, pero la experiencia es idéntica a si se jugara en Qatar: desde una pantalla.