Las cámaras de la Casa Blanca lo capturaron en repetidas ocasiones. El propio presidente lo admitió ante su gabinete. Y el contraste con su apodo de campaña contra Biden se volvió imposible de ignorar.
En diciembre de 2025, las cámaras de la Casa Blanca captaron algo que rápidamente se volvió viral: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con los ojos cerrados durante una reunión de gabinete transmitida en vivo. No fue un instante aislado — fue una imagen que se repetiría en los meses siguientes, alimentando el debate sobre la salud del mandatario de 79 años. Y cuando Trump intentó explicarlo, eligió una respuesta que nadie en Washington esperaba: admitirlo, quitarle hierro — y al mismo tiempo echarse encima la ironía más grande de su presidencia.
Lo que captaron las cámaras
Las reuniones de gabinete de la administración Trump son transmitidas en vivo por la propia Casa Blanca — una decisión de comunicación que busca mostrar transparencia y control. Pero esa misma transparencia se convirtió en el escenario de una imagen incómoda que se repitió en varias ocasiones.
En la reunión de diciembre de 2025, las cámaras captaron al presidente inclinándose hacia adelante, reclinándose en su silla, jugando con los pulgares y cerrando los ojos en repetidas ocasiones mientras sus secretarios de Estado le presentaban informes. Según testigos presentes en la sala, hubo momentos en que Trump mantuvo los párpados completamente cerrados por varios segundos. La reunión duró casi dos horas antes de abrirse a preguntas de la prensa.
Las cámaras captaron al mandatario inclinándose, reclinándose y cerrando los ojos en repetidas ocasiones mientras sus ministros le presentaban informes. Según testigos, hubo momentos en que mantuvo los párpados completamente cerrados por varios segundos.
En marzo de 2026, un nuevo episodio añadió más leña al fuego: Trump fue acusado de quedarse dormido de pie durante una transmisión en vivo en Fox News, en una ceremonia de entrega de la Medalla de Honor. Las imágenes circularon en redes sociales y generaron una nueva ola de especulaciones sobre su estado de salud.
La respuesta de Trump: «Solo cerraba los ojos para irme antes»
Lo que hizo diferente este episodio al de cualquier otro político fue la reacción del propio Trump. En lugar de ignorar las imágenes o desmentirlas con indignación, el presidente decidió abordar el tema directamente en la reunión de gabinete del 29 de enero de 2026 — la primera del año nuevo — con una mezcla de humor, autojustificación y honestidad que sorprendió a propios y extraños.
«Quiero mucho a estas personas. Hay mucha gente. Fue un poco aburrido, pero no me dormí, solo cerré los ojos porque quería irme de allí cuanto antes.» — Donald Trump, ante su gabinete, 29 de enero de 2026
Trump agregó que por lo general no duerme mucho, y bromeó que si realmente se hubiera dormido, sus secretarios Marco Rubio y Pete Hegseth lo habrían despertado a golpes. «Me habrían dado golpes. ¡Vamos, tienes que despertar, jefe!», dijo entre risas.
En una entrevista con la revista New York Magazine publicada días antes, Trump ya había adelantado la misma explicación: cerraría los ojos en las reuniones de gabinete porque estas son «aburridísimas», aunque insistió en que escucha todo. La Casa Blanca también tomó medidas prácticas: la reunión del 29 de enero fue más corta de lo habitual — cerca de hora y media — porque por primera vez Trump no dio la palabra a todos los secretarios ni aceptó preguntas de la prensa.
La ironía que el mundo no pudo ignorar: «Sleepy Joe»
Si la historia terminara aquí, sería simplemente una anécdota política menor — el tipo de cosas que le pasan a cualquier persona de casi 80 años en una reunión larga. Pero hay un contexto que convierte el episodio en algo mucho más significativo.
Durante toda la campaña electoral de 2024 y en los meses previos a ella, Donald Trump construyó parte de su imagen de candidato vigoroso y enérgico sobre un apodo que repitió cientos de veces: «Sleepy Joe» — Joe el Dormilón — dirigido a Joe Biden. Trump hizo del supuesto cansancio y falta de energía de su predecesor una de sus líneas de ataque más consistentes.
«Yo no soy de los que duermen. Biden duerme todo el tiempo: de día, de noche, en la playa.» — Donald Trump, semanas antes de que las cámaras lo captaran con los ojos cerrados en su propia reunión de gabinete
El contraste entre ese discurso de campaña y las imágenes de diciembre de 2025 fue inmediato, global y demoledor en términos de narrativa política. Los medios de comunicación internacionales, los rivales demócratas y las redes sociales lo recogieron con una sola pregunta: ¿Sleepy Donald?
El contexto de salud: 79 años y preguntas sin responder
Los episodios de ojos cerrados no ocurren en el vacío. Donald Trump tiene 79 años y terminará su mandato como el presidente de mayor edad en la historia de Estados Unidos — superando al propio Biden, a quien tanto criticó. Su estado de salud ha sido objeto de escrutinio público desde su regreso al poder.
La Casa Blanca publicó en verano de 2025 un informe médico que indicaba que Trump padece insuficiencia venosa crónica — una afección común en personas mayores que afecta la circulación en las piernas — aunque el documento concluía que goza de «excelente salud». En enero de 2026, Trump también tuvo que explicar el origen de moretones visibles en su mano izquierda durante su viaje al Foro Económico de Davos, atribuyéndolos a un golpe contra una mesa.
Para la oposición demócrata, estos elementos forman un patrón que merece atención pública. Para los aliados de Trump, son detalles menores en el contexto de un presidente que ordena bloqueos navales, negocia en Islamabad y lidera la política exterior americana a una edad en que la mayoría de las personas están retiradas.
📌 Nota editorial: Este artículo se basa en imágenes verificadas, declaraciones públicas del propio presidente y reportes de medios acreditados. No es un diagnóstico médico ni pretende serlo. El debate sobre la salud de los líderes mundiales es legítimo y de interés público — especialmente cuando el propio mandatario aborda el tema en declaraciones oficiales.
La pregunta que nadie quiere responder
Hay una pregunta que flota sobre toda esta historia y que, por razones políticas obvias, ninguna de las partes responde con honestidad completa.
¿Cuándo la edad de un presidente se convierte en un factor legítimo de evaluación pública? No porque los mayores no puedan gobernar — la historia está llena de líderes efectivos en la vejez. Sino porque la capacidad de mantenerse alerta durante reuniones de alto nivel es, por definición, parte del trabajo. Y cuando esas reuniones se transmiten en vivo por la propia Casa Blanca, las imágenes hablan por sí mismas — independientemente de lo que diga el presidente sobre el aburrimiento.
Lo que hace único el caso de Trump no es que sea viejo. Es que pasó de atacar a Biden por exactamente esto, a enfrentar las mismas imágenes en su propia presidencia — y elegir explicarlo diciendo que las reuniones de su propio gabinete son aburridas. Esa combinación de ironía, autoconsciencia y audacia política es, en cierto modo, la esencia del fenómeno Trump.