Rasuwa, Nepal.- La mañana del miércoles, sin una sola gota de lluvia cayendo sobre los valles nepalíes, una muralla de agua, lodo y hielo bajó rugiendo por el río Bhote Koshi y arrasó en cuestión de minutos pueblos enteros en el distrito de Rasuwa, en la frontera de Nepal con el Tíbet (China). El saldo hasta el momento: decenas de muertos —cifras que las autoridades han ido revisando al alza hora tras hora hasta reportarse 95— y cerca de 384 personas desaparecidas, la gran mayoría turistas extranjeros que se encontraban de paso por la región.
Lo que hace de esta tragedia un caso especialmente inquietante para científicos y autoridades no es solo su magnitud, sino su origen: la inundación no nació en Nepal. Vino de las montañas del Tíbet, a decenas de kilómetros de distancia, y llegó sin previo aviso.
Una catástrofe que «apareció de la nada»
El primer dato que desconcertó a las autoridades nepalíes fue que, en el momento del desastre, no había lluvia local registrada en Rasuwa. El funcionario a cargo del distrito, Narendra Pariyar, lo resumió así: la crecida «apareció de la nada». Eso obligó a mirar río arriba, hacia el lado chino, en busca de una explicación.
Lo que se sabe hasta ahora es que algo ocurrió en las alturas del Tíbet —territorio donde nace el Bhote Koshi antes de cruzar a Nepal y desembocar más abajo en el río Trishuli— capaz de liberar de golpe una cantidad descomunal de agua. Nepal y China están cruzando imágenes satelitales para reconstruir minuto a minuto lo ocurrido, pero por ahora conviven al menos tres hipótesis, no excluyentes entre sí.
Hipótesis 1: un lago glaciar que reventó (GLOF)
La explicación que más fuerza ha tomado entre los especialistas es la de un desborde repentino de lago glaciar, conocido técnicamente como GLOF (Glacial Lake Outburst Flood). El ministro de Energía nepalí, Mahabir Pun, llegó a confirmar que «la inundación resultó del reventón de un lago glaciar en el Tíbet».
El fenómeno ocurre así: en las alturas del Himalaya y la meseta tibetana, el derretimiento de glaciares forma lagos naturales, muchas veces contenidos apenas por paredes de hielo, morrena o roca suelta. Cuando esa contención cede —por presión acumulada, por un desprendimiento de hielo que cae dentro del lago o por un sismo que resquebraja el muro natural— el agua se libera de golpe, convertida en una ola de varios metros de altura que arrastra rocas, troncos y lodo cuesta abajo a gran velocidad.
No es la primera vez que ocurre en este mismo río: en 2025, una crecida mortal en el Bhote Koshi ya había sido atribuida al vaciamiento de un lago «supraglaciar» en territorio tibetano. La región concentra más de 130,000 glaciares rocosos que almacenan cantidades enormes de agua en forma de hielo, y que el cambio climático está volviendo cada vez más inestables.
Hipótesis 2: una avalancha de hielo represó un río
Una segunda lectura, planteada por el investigador climático Rijan Bhakta Kayastha, apunta a que una avalancha de hielo cayó sobre el río Lhende, en el lado tibetano, y lo bloqueó por completo. Ese bloqueo habría formado, en cuestión de horas, un lago improvisado y temporal. Cuando la presión del agua acumulada superó la resistencia del propio bloqueo de hielo, este cedió de golpe, liberando toda el agua contenida directamente hacia el Bhote Koshi.
Hipótesis 3: un sismo desestabilizó la montaña
La tercera pieza del rompecabezas es geológica: se registró un sismo del lado tibetano prácticamente en el mismo momento del desastre. El canciller nepalí llegó a señalar que un terremoto habría provocado un gran deslizamiento de tierra que represó el río Bhote Koshi, generando después la oleada destructiva. Un sismo de esa naturaleza pudo haber actuado como detonante de cualquiera de los otros dos escenarios: resquebrajando la pared de un lago glaciar o desprendiendo la masa de hielo que bloqueó el Lhende.
Lo cierto es que, a más de un día del desastre, ni Nepal ni China han confirmado oficialmente cuál de estos mecanismos —o qué combinación de ellos— fue el que realmente ocurrió. Es, en palabras de un funcionario nepalí, un episodio que «todavía se está estudiando».
Las vidas detrás de la cifra
Más allá del misterio geológico, la tragedia humana es la que golpea con más fuerza. Rasuwa, un corredor de montaña muy transitado por caravanas turísticas que se dirigen hacia el Tíbet o hacia rutas de trekking en el Himalaya, quedó convertido en zona de desastre.
Entre los cerca de 384 desaparecidos, cientos son turistas extranjeros que viajaban en grupos organizados cuando el agua se llevó caminos, puentes y poblados enteros a su paso, incluyendo las localidades de Syabrubesi y Timure, cerca del cruce fronterizo con China. Según los recuentos —todavía cambiantes— de las autoridades de turismo nepalíes, entre los extranjeros desaparecidos figuran ciudadanos de India (el grupo más numeroso, con más de un centenar), Estados Unidos, Reino Unido, Malasia, Sudáfrica, Corea del Sur, Australia y Países Bajos, además de decenas cuya nacionalidad aún no ha sido determinada.
También se reportan como desaparecidos varios elementos de la Fuerza Policial Armada de Nepal, destacados en un puesto fronterizo en Timure, que fue arrasado por la crecida.
Los equipos de rescate —el Ejército de Nepal, la Policía Armada, la Policía nepalí y la autoridad nacional de gestión de riesgos de desastres, apoyados por helicópteros militares y privados— han enfrentado condiciones extremadamente difíciles: la geografía de valles profundos y desfiladeros angostos de Rasuwa ha impedido en varios puntos, como Syabrubesi y Timure, que los helicópteros puedan siquiera aterrizar. Hasta ahora se ha logrado rescatar con vida a un número reducido de heridos, mientras la mayoría de los operativos se concentran en la búsqueda entre los escombros y a lo largo del cauce del río, río abajo hasta los distritos vecinos de Nuwakot y Dhading.
El desastre también dejó huella en la infraestructura: al menos seis a ocho proyectos hidroeléctricos y de transmisión eléctrica en la zona sufrieron daños severos, junto con puentes, carreteras y las instalaciones aduaneras del cruce fronterizo con China, por donde a diario transita comercio y turismo entre ambos países. Se calcula que decenas de miles de personas en la región han quedado afectadas de manera directa por la pérdida de vivienda, caminos o sustento.
Un patrón que preocupa al Himalaya
Para los científicos que monitorean la criósfera del Himalaya, lo ocurrido en Rasuwa no es un hecho aislado, sino la manifestación más reciente de un patrón que se repite con mayor frecuencia: glaciares que se derriten más rápido, lagos glaciares que crecen sin control y detonantes —sismos, avalanchas, lluvias erráticas— cada vez más comunes en una región donde el cambio climático está alterando el equilibrio que durante siglos mantuvo estable el «techo del mundo». Mientras Nepal cuenta a sus muertos y sigue buscando a sus desaparecidos, la pregunta de fondo —qué exactamente reventó en las montañas del Tíbet esa mañana— sigue, por ahora, sin una respuesta definitiva.