La fecundidad cae más rápido de lo esperado en México: ¿dónde queda Tamaulipas y qué significa para pensiones y becas?

La Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), presentada el 22 de septiembre, confirmó lo que la presidenta del organismo, Graciela Márquez Colín, calificó como un fenómeno inesperado: la fecundidad en México no solo sigue bajando, sino que lo hizo mucho más rápido de lo que los propios demógrafos anticipaban.

La Tasa Global de Fecundidad —el promedio de hijos que se espera tenga una mujer durante su vida reproductiva— pasó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, una caída de 36.8% en cinco años. El país quedó muy por debajo de la tasa de reemplazo poblacional (2.1 hijos por mujer), el nivel necesario para que una generación se sustituya a sí misma sin depender de la migración.

“Lo que no se esperaba era la velocidad”, explicó Márquez Colín en entrevista con La Jornada, al señalar que la pandemia de covid-19 aceleró un proceso que ya estaba en marcha por la mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral y el avance educativo.

Tamaulipas, en la zona media de la tabla

A diferencia de Chiapas (1.8 hijos por mujer, la tasa más alta del país) o la Ciudad de México (0.8, la más baja), Tamaulipas no aparece entre los extremos que el INEGI destacó en su presentación nacional. Medios regionales que han revisado los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 para la entidad —Heraldo de Tamaulipas y La Opinión de Tamaulipas, entre otros— coinciden en describir al estado en “una posición intermedia” dentro del panorama nacional, con una tendencia a la baja que sigue el patrón del resto del norte del país: más urbanización y mayor acceso educativo, dos factores que históricamente se asocian con menor fecundidad.

Nota de verificación: al cierre de esta nota, el desglose estatal con la cifra exacta de Tamaulipas para 2024 no aparece publicado en las fuentes periodísticas ni en los documentos del INEGI consultados; el instituto solo ha difundido de forma explícita los cinco estados con las tasas más altas (Chiapas, Guerrero, Durango, Zacatecas) y los tres con las más bajas (Querétaro, Baja California, Ciudad de México). Se solicitará el tabulado específico de Tamaulipas al INEGI o su liga oficial antes de citar un número puntual.

Lo que sí está documentado es el envejecimiento del estado: la edad mediana de la población tamaulipeca ha subido de forma sostenida, y localidades como Mainero, Llera, Villagrán o Burgos ya tenían en el censo de 2020 poblaciones considerablemente más envejecidas que el promedio estatal. Tamaulipas suma además un factor propio que no comparten otras entidades del norte: una economía que oscila entre la industria maquiladora y actividades tradicionales, junto con flujos migratorios constantes por su condición fronteriza, elementos que inciden en las decisiones reproductivas de las familias.

El reto para las pensiones

El envejecimiento poblacional golpea directamente los sistemas de pensiones de reparto, como el del IMSS para las generaciones anteriores a 1997 y el del ISSSTE previo a su reforma: estos esquemas se sostienen con las cuotas de los trabajadores en activo, no con ahorro individual acumulado. Menos nacimientos hoy significa, en 20 o 30 años, menos personas en edad de trabajar aportando para sostener a una población de adultos mayores que crecerá en proporción.

Según cifras citadas en la cobertura de la Encuesta Intercensal, México alcanzará su tasa de dependencia más baja hacia 2030 —el punto óptimo del llamado bono demográfico, cuando hay proporcionalmente más población en edad productiva que dependiente—; a partir de ahí, el país entra en una fase de envejecimiento paulatino que, sin ajustes en el sistema de pensiones o en las tasas de reemplazo del ahorro para el retiro (Afores), puede traducirse en mayor presión fiscal para el gobierno federal y menores pensiones relativas para quienes se jubilen más adelante.

En Tamaulipas, donde el sector maquilador concentra buena parte del empleo formal y la afiliación al IMSS, una base de cotizantes que crezca más lento que la población de adultos mayores es un foco amarillo que amerita seguimiento en los próximos años, aunque el propio INEGI no ha publicado todavía proyecciones estatales específicas sobre el tema.

¿Y las becas?

El otro lado de la moneda es la población escolar. Una fecundidad más baja implica, con el tiempo, menos niñas y niños ingresando al sistema educativo, lo que a mediano plazo reduce la demanda de cupos en primaria y secundaria, pero también reduce la base de beneficiarios de programas de becas y apoyos educativos federales y estatales dirigidos a la niñez y juventud.

Esto no significa automáticamente más presupuesto por estudiante: el tamaño de las bolsas presupuestales para programas como las becas Benito Juárez o los apoyos estatales depende de decisiones de política pública, no solo del número de beneficiarios potenciales. Pero sí implica que, en la próxima década, estados como Tamaulipas tendrán que replantear la planeación de infraestructura educativa —cuántas escuelas, maestros y programas de apoyo se necesitan— en función de una población infantil que crece cada vez más despacio, mientras la población en edad de jubilarse aumenta.

Lo que hasta ahora es un dato demográfico —una tasa de fecundidad que cae más rápido de lo previsto— tiene, en el horizonte de una generación, consecuencias muy concretas sobre cuánto dinero público habrá disponible por persona, tanto para quien se retira como para quien apenas empieza la escuela.

Ángulo Tipómetro | Matamoros–Brownsville

Tamaulipas comparte con el resto del norte del país la combinación de urbanización y acceso educativo que empuja la fecundidad a la baja, pero suma un factor binacional propio: la movilidad constante entre Matamoros y Brownsville, y una economía fronteriza que no siempre ofrece la estabilidad necesaria para que las familias decidan tener más hijos. El dato nacional del INEGI abre una pregunta pendiente para la región: qué tan preparado está el corredor Matamoros–Brownsville, en ambos lados de la frontera, para sostener en dos o tres décadas a una población que envejece mientras nacen cada vez menos niños.