La sala vacía: cuando ni la ONU quiere escuchar a Netanyahu

Benjamin Netanyahu subió este jueves al podio de la Asamblea General de la ONU y se encontró con lo que ya empieza a ser costumbre: filas vacías. Decenas de diplomáticos abandonaron la sala justo cuando él comenzaba a hablar —algunos siguieron saliendo con el discurso ya en marcha—, en una protesta coordinada de antemano por la Misión Palestina. El mensaje no podía ser más claro: buena parte del cuerpo diplomático mundial ya no está dispuesta a sentarse a escuchar, en silencio, a quien encabeza un gobierno señalado internacionalmente por la devastación en Gaza.

Cobardes, según él

Netanyahu no se guardó la respuesta. Desde el estrado, con los asientos todavía moviéndose, lanzó: “Si hay otros cobardes que quieran hacerlo y todavía no se han retirado de la sala, por favor, háganlo ahora”. Más tarde acusó a quienes se fueron de “enorme hipocresía”.

Es una lectura conveniente. Llamar cobardía a que decenas de países se nieguen a aplaudirle de frente permite evadir la pregunta incómoda: ¿por qué, edición tras edición de la Asamblea, es precisamente su intervención la que vacía la sala? No es un accidente de agenda ni una coincidencia de horarios de vuelo. Es un juicio político que se repite y que Netanyahu prefiere resolver acusando de cobardía a quienes se lo hacen ver, en lugar de examinar por qué se lo hacen ver.

Negar, reivindicar, justificar

El resto del discurso siguió el mismo guion que se ha vuelto previsible: negó que exista un genocidio en Gaza, reivindicó Cisjordania como territorio israelí, y defendió los ataques israelíes contra Irán presentándolos como un favor a la comunidad internacional —aseguró que otros líderes se lo agradecen “en privado” por “eliminar las armas nucleares de Irán”—.

Ese “en privado” hace todo el trabajo retórico. Es una afirmación que no se puede verificar, que no compromete a nadie a desmentirla, y que convenientemente traslada la responsabilidad de cualquier crítica pública a una supuesta hipocresía ajena: puertas adentro me aplauden, puertas afuera me abandonan la sala. Es un recurso discursivo, no un argumento.

La escenografía alrededor

Afuera del recinto, la tensión no fue menor. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pidió ejecutar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra —un recordatorio de que, para un tribunal internacional, este no es un debate de opinión sino una causa abierta—. Dentro del recinto, simpatizantes israelíes en los palcos aplaudían y coreaban consignas de apoyo, en un contraste que resume bien el momento: un liderazgo que sigue teniendo respaldo vocal de una parte, mientras pierde, asiento por asiento, la disposición del resto del mundo a escucharlo sin protesta.