Washington firmó castigos contra Rusia hace semanas. Hoy los suspende para comprarle combustible a un mes de las urnas
Redacción.- Hace un mes, Donald Trump firmó una ley bipartidista para apretar a la economía energética de Rusia: sanciones a funcionarios y bancos, castigo a la flota fantasma de petroleros y aranceles de hasta 100% a los grandes compradores de crudo ruso. Esta semana, después de una llamada con Vladimir Putin, su propio Tesoro emitió una licencia que permite comprar, descargar e importar diésel ruso, incluso hacia Estados Unidos, hasta el 7 de abril de 2027.
Las sanciones, parece, eran una postura mientras el combustible no costaba 6.23 dólares el galón.
El orden de los factores
Conviene poner las fechas en fila. El diésel tocó un récord de 6.52 dólares el 22 de septiembre. Las elecciones de medio término son el 3 de noviembre. El anuncio llegó a pocas semanas de ambas cosas, con Trump diciendo que bajar el precio para agricultores, ganaderos y camioneros es su «mayor prioridad». Cada quien puede sacar su conclusión; la mía es que la coincidencia es demasiado cómoda para llamarla casualidad.
Hay defensas razonables y deben decirse. La licencia es temporal y solo cubre diésel. Más oferta global puede aliviar precios que la guerra en Irán disparó. Gobiernos de todos los colores han separado el castigo a un país de la factura que paga su gente. Es un argumento serio.
Pero un argumento serio exige cumplir lo prometido, y aquí hay demasiadas preguntas sin respuesta.
Promesas contra hechos
Las cifras que dio Trump son espectaculares: más de 300 mil toneladas de inmediato, 500 mil en noviembre, un millón después y tres millones más. Pero salen de su publicación en Truth Social. El Kremlin solo confirmó que Rusia está lista para suministrar petróleo y derivados, sin cantidades ni plazos. La Casa Blanca no ha explicado quién pagará el combustible, ni cuándo llegará, ni si los envíos de noviembre arribarán antes de que se abran las casillas.
Es decir: Washington sí suspendió la sanción, que es un hecho. El alivio al bolsillo es una promesa. Y cuando el costo político lo asume Ucrania y el beneficio lo recibe, si llega, un candidato en campaña, la balanza se ve mal.
Zelenskyy lo dijo con claridad: la decisión beneficia a Rusia y le permite prolongar la guerra, mientras las negociaciones se usan como cortina de humo. Puede discutirse el tono; no la lógica. Cada barril de diésel que Moscú vende con permiso de Washington es ingreso para un país con el que Estados Unidos dice estar en pulso.
Lo que revela
Esto no va solo de Rusia. Va de lo que valen las sanciones cuando las impone una potencia que se las levanta a sí misma en cuanto le duelen. Si se aplican con rigor mientras cuestan poco y se suspenden cuando se vuelven incómodas, dejan de ser política exterior y pasan a ser teatro. Y el mensaje a otros gobiernos, aliados o adversarios, es que las reglas de Washington tienen precio de gasolinera.