Desde un evento por el Día de las Madres en la Casa Blanca, el presidente estadounidense insistió en su diagnóstico sobre México y confirmó que su gobierno ya inició acciones terrestres contra los cárteles. La semana acumula: cargos contra el gobernador de Sinaloa, solicitudes de extradición que salpican al círculo cercano de Sheinbaum y la muerte de dos agentes estadounidenses en territorio mexicano.
Donald Trump reiteró este viernes, desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca durante un evento por el Día de las Madres, que “los cárteles gobiernan México y nadie más”. No se trató de un desliz o una improvisación: el mandatario lo dijo con deliberada contundencia, en un evento televisionado, apenas dos días después de advertir que si el gobierno mexicano no “hace su trabajo” contra el narco, Washington intervenirá directamente.
Trump destacó que su administración ha reducido el tráfico marítimo de drogas en un 97%, pero advirtió que los estupefacientes siguen llegando por tierra a través de México. “Ahora hemos comenzado vía terrestre. Y verán cómo baja”, dijo. Las declaraciones constituyen una nueva escalada verbal en la relación bilateral y llegan en una semana que ya de por sí había acumulado tres detonadores mayores en la relación México–Estados Unidos.
El contexto agrava la declaración de hoy. La semana pasada el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos criminales por narcotráfico contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, en lo que se interpreta como una acción directa de Washington para presionar al gobierno de Sheinbaum. A ello se sumó la revelación de que dos agentes estadounidenses murieron durante un operativo no autorizado en suelo mexicano, episodio por el que la presidenta mexicana demandó explicaciones que aún no llegan.
El tercer detonador fue aún más incisivo: la administración Trump presentó solicitudes de extradición que afectan a tres funcionarios cercanos a la propia Sheinbaum, por presuntos vínculos con el crimen organizado. Una jugada que, si se confirma, impactaría directamente la gobernabilidad del gabinete mexicano.
Lo que dijo Sheinbaum
La presidenta de México ha respondido en cada ocasión con la misma fórmula: disposición para cooperar en materia de seguridad, pero rechazo absoluto a cualquier forma de intervención en territorio nacional. Su frase de cabecera: “en México no gobiernan los cárteles, gobierna el pueblo”. Durante su conferencia matutina del miércoles, tras las amenazas de acción terrestre de Trump, destacó acciones recientes del gobierno mexicano contra el crimen organizado y reiteró que el combate al narco exige corresponsabilidad internacional, señalando que Estados Unidos también enfrenta problemas de crimen organizado en su propio territorio.
Ángulo fronterizo
Desde Matamoros, Tamaulipas, las palabras de Trump no suenan como abstracción: resuenan en el tejido cotidiano de una ciudad que ha vivido en carne propia el poder del crimen organizado. Esta frontera conoce mejor que nadie la diferencia entre lo que dicen los discursos y lo que ocurre en las calles. Y esa misma frontera sabe también que una intervención militar estadounidense en territorio mexicano no sería un videojuego: sería una crisis humanitaria de proporciones imprevisibles para las comunidades fronterizas de ambos lados.
Las declaraciones de Trump tienen un efecto real e inmediato: refuerzan la narrativa de que México es un Estado fallido, lo cual sirve tanto para justificar mayor presión diplomática como para preparar el terreno de una eventual acción unilateral. El anuncio de “operaciones terrestres ya iniciadas”, aunque probablemente referido a operativos marinos o de inteligencia en zonas fronterizas, eleva la temperatura. Para los habitantes del corredor Matamoros–Brownsville, el miedo no es retórica: es geografía.
La pregunta que queda sin respuesta: ¿qué significa exactamente “operaciones terrestres” en la boca de Trump? ¿Fuerzas especiales ya activas en Tamaulipas? ¿Operaciones de la DEA o del Ejército en coordinación no declarada con el ejército mexicano? Las próximas horas —y la respuesta de Sheinbaum— definirán si esto es escalada retórica o un cambio real de reglas del juego.