El corrido mexicano es una de las formas de narración cantada más antiguas y duraderas de la cultura popular del país. Sus raíces se remontan al romance español, una tradición de baladas narrativas que llegó a México durante la época colonial y que, con el tiempo, se fusionó con temas y estilos locales hasta convertirse en un género propio: el corrido, cuya función original era contar noticias, hazañas y sucesos a una población que en su mayoría no sabía leer.
Del siglo XIX a la frontera
Los primeros corridos identificables como tales circulan desde el siglo XIX, narrando conflictos políticos, bandoleros y episodios de la vida rural mexicana. Hacia finales de ese siglo, en la franja fronteriza entre México y Texas, se consolida el llamado “corrido fronterizo”, que narraba enfrentamientos entre comunidades mexicanas y las autoridades estadounidenses. Uno de los ejemplos más citados por musicólogos e historiadores es “El corrido de Gregorio Cortez”, de alrededor de 1901, que relata la persecución de un vaquero mexicano-texano por parte de los Rangers de Texas.
La Revolución, la época dorada
El momento de mayor auge y difusión masiva del corrido llegó con la Revolución Mexicana (1910-1920). En un país con altos niveles de analfabetismo y sin medios masivos de comunicación como hoy, el corrido se convirtió en el vehículo principal para narrar la guerra al pueblo: batallas, líderes revolucionarios como Pancho Villa y Emiliano Zapata, traiciones y hazañas se difundían de boca en boca y de pueblo en pueblo a través de estas canciones.
El corrido nació como la forma en que el pueblo mexicano se contaba a sí mismo la historia que estaba viviendo.
El origen del narcocorrido
El narcocorrido, a diferencia de lo que suele asumirse, no nació con Los Tigres del Norte ni en los años setenta. El primer narcocorrido documentado es “El Pablote”, grabado el 8 de septiembre de 1931 en un estudio de la calle Texas, en El Paso, Texas, por José Rosales y Norberto González. La canción narra la muerte de Pablo “El Pablote” González, un traficante pionero de mariguana y opio que operaba entre Ciudad Juárez y El Paso junto con su socia Ignacia Jasso, “La Nacha”, y que fue abatido por un policía en una cantina juarense el 11 de octubre de 1930. Según el musicólogo Juan Carlos Ramírez Pimienta, especialista en el género, el epicentro histórico del narcocorrido está en Estados Unidos, en ciudades fronterizas como El Paso y, más tarde, Los Ángeles.
“El Pablote”, grabado en 1931 en El Paso, es la primera vez que un corrido narra quién fue un traficante y cómo murió.
De Los Tigres del Norte a los corridos tumbados
Décadas después, en los años setenta, Los Tigres del Norte popularizaron de forma masiva el género con temas como “Contrabando y traición” (1972), consolidándolo como un fenómeno comercial a nivel nacional e internacional, aunque no fueron sus creadores originales. Tras el inicio de la guerra contra el narcotráfico en 2006, el género se transformó de nueva cuenta: dejó de solo celebrar el estilo de vida de los traficantes para documentar la violencia y los enfrentamientos con fuerzas federales, volviéndose lo que algunos especialistas describen como “cantos de guerra”. Ya en la actualidad, el género vive una nueva transformación con los llamados “corridos tumbados”, una fusión con trap y hip-hop popularizada por artistas como Peso Pluma, Natanael Cano y Junior H, que ha llevado al corrido a un auge global sin precedentes.