Sheinbaum abre la puerta a la fractura hidráulica en la Cuenca de Burgos; el plan busca triplicar la producción de gas para 2035, pero choca con la peor sequía en décadas y el rechazo de 70 organizaciones
En un giro histórico respecto a la política energética de la Cuarta Transformación, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció en abril de 2026 la intención del gobierno federal de explotar gas natural mediante fractura hidráulica — conocida como fracking — bajo el argumento de reducir la alta dependencia de importación de gas desde Texas y alcanzar la soberanía energética. El plan representa una ruptura directa con el Compromiso Presidencial 75 que Andrés Manuel López Obrador había asumido durante su sexenio, que prohibía esta técnica por sus riesgos ambientales.
LAS CIFRAS DEL MEGAPROYECTO
El objetivo es ambicioso: pasar de los 2,300 millones de pies cúbicos diarios de gas natural que México produce actualmente a 5,800 millones al cierre del sexenio de Sheinbaum, y a 8,310 millones para 2035. Esto representa un incremento del 261% en la producción nacional de gas. De acuerdo con Pemex, el país cuenta con 83 billones de pies cúbicos en reservas convencionales, y con 141 billones en yacimientos no convencionales cuya extracción solo puede realizarse mediante fracking. La meta es acercarse a la autosuficiencia energética tomando como referencia el consumo actual de 9,000 millones de pies cúbicos diarios.
TAMAULIPAS: ENTRE EL GAS Y LA SEQUÍA
La Cuenca de Burgos, que abarca el norte, parte del centro y la costa tamaulipeca con el Golfo de México, es una de las principales zonas objetivo del proyecto. Solo en esta cuenca existen 53,848 millones de pies cúbicos en yacimientos no convencionales, extraíbles únicamente con fracking. Pero hay una paradoja que inquieta a especialistas y comunidades: la misma región atraviesa la peor crisis hídrica de las últimas décadas.
La Presa Falcón se encuentra al 2% de su capacidad y la Presa La Amistad al 5%. Trece municipios del norte de Tamaulipas llevan meses en semáforo rojo por escasez de agua, entre ellos Reynosa, Díaz Ordaz, Miguel Alemán, Mier y Camargo. Todos ellos se ubican sobre la Cuenca de Burgos, la misma región donde se propone aplicar fractura hidráulica, una técnica que requiere grandes volúmenes de agua para operar.
LA VOZ EN CONTRA
La Alianza Mexicana Contra el Fracking, respaldada por más de 70 organizaciones de izquierda y ambientalistas, emitió un comunicado el 9 de abril rechazando el proyecto. El documento señala que Sheinbaum olvida su compromiso de campaña de no permitir la fracturación hidráulica, y advierte que después de dos décadas de aplicación masiva en Estados Unidos existe amplia evidencia científica de sus impactos ambientales y sociales. “El fracking sustentable no existe”, es la postura central de la alianza.
Activistas de la frontera chiquita de Tamaulipas, entre Nuevo Laredo y Díaz Ordaz, así como de Anáhuac, Nuevo León, alertan que ya vivieron los efectos del fracking en esas regiones y exigen que el comité científico busque las mejores rutas para salir de la dependencia a los combustibles fósiles, no para profundizarla.
EL COMITÉ CIENTÍFICO
Para dar sustento técnico al proyecto, Sheinbaum anunció la conformación de un comité de científicos y especialistas en manejo del agua, explotación sustentable, geología y medio ambiente, que emitirá sus recomendaciones en un plazo de dos meses. Pemex informó que ya envió grupos técnicos a Canadá y Sudamérica para estudiar modelos de extracción de menor impacto ambiental. El Instituto Mexicano del Petróleo, por su parte, explora alternativas como la inyección de CO2 para estimular yacimientos sin afectar los acuíferos.
ÁNGULO FRONTERIZO
Para Matamoros y el corredor Tamaulipas-Texas, el fracking tiene implicaciones directas en dos sentidos. Primero, si el proyecto prospera en la Cuenca de Burgos, podría modificar la dinámica de suministro de gas natural hacia las maquiladoras y la industria fronteriza, reduciendo la dependencia del gas importado desde Texas. Segundo, la crisis hídrica que ya golpea al norte de Tamaulipas hace que la pregunta «qué vale más: el gas o el agua» sea completamente real y urgente para las comunidades de la región. Este debate no es nacional: es nuestro.