Los nombres circulan en columnas, encuestas sin ficha técnica y declaraciones a medias. Mientras tanto, la elección real se decide dentro de los partidos.
Redacción.- Faltan unos tres meses para que arranquen las precampañas, según un cálculo de El Congresista, y casi dos años para elegir gobernador, y en Tamaulipas la sucesión ya se está disputando. No en las urnas ni en debates, sino en columnas, en redes y en pasillos. Cualquiera que intente enterarse de quiénes quieren gobernar el estado se topa con una lista larga de nombres y casi ninguna voz propia.
Muchos nombres, pocos aspirantes
Entre las fuentes que revisamos suenan al menos diecinueve nombres para la gubernatura de 2028: de Morena, Olga Sosa, José Ramón Gómez Leal, Carmen Lilia Canturosas y Carlos Peña Ortiz, entre otros; del Verde, Maki Ortiz; del PAN, César Verástegui, Imelda Sanmiguel y Jesús Nader; del PRI, Ramiro Ramos. De todos ellos, la única que ha dicho públicamente que quiere la candidatura, según lo que pudimos confirmar, es Maki Ortiz.
Los demás aparecen porque un columnista los pone en una lista. Esa lista, además, se contradice: una columna incluye a Carlos Cantú como posible aspirante y otra afirma que anunció que no buscará la candidatura. El electorado no debería tener que adivinar quién compite.
La elección se decide en Morena
En las encuestas que circulan, Morena tiene 45.7% de preferencia partidista frente a 16.8% del PAN, según GobernArte citada por Pauta MX. Es una cifra sin verificar, pero coincide con lo que se ve en el terreno político: quien gane la candidatura de Morena parte como favorito. Esa lógica vuelve más importante lo que ocurra dentro del partido que lo que ocurra en la boleta.
Y ahí es donde la ciudadanía queda más lejos. Una definición por encuesta interna, cuya fecha y metodología no son públicas, es un proceso que se cuenta a los votantes cuando ya se terminó. El gobernador, Américo Villarreal, pidió evitar la “confrontación estéril”, según Expreso. Es una petición razonable, pero también conviene que el debate no se limite a lo que la dirigencia considera estéril. Una columna asegura que el gobernador “llevará mano” en la sucesión y otra sostiene que aún no ha definido nada. Ninguna de las dos columnas cita al propio gobernador sobre el tema.
La oposición y el regreso de Cabeza de Vaca
El PAN llegó al 15 de octubre con una apuesta que pocos esperaban: su presidente nacional, Jorge Romero, dijo que “sería un honor” postular al exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca en 2027. Al preguntarle por su situación legal, respondió: “Según yo no tiene el estatus de una orden de aprehensión vigente”, y admitió que desconoce con precisión el estado de los procesos.
Con ese “según yo” no se pone en juego una candidatura. Un partido que quiere regresar al poder debería saber, con documentos en mano, en qué situación jurídica está la persona que propone. Un reportero recordó que el Tribunal Electoral retiró en 2024 su candidatura a diputado federal; esa es una pregunta que el PAN tendrá que responder con hechos.
Tampoco ayuda que las encuestas del propio PAN se contradigan. Para César Verástegui hay una medición con 26.1% y otra con 10.8%; para Ismael García Cabeza de Vaca, una con 2.5% y otra con 18.1%. Cuando los números varían tanto para los mismos nombres, lo que sirven son las preguntas sobre quién los encargó y cómo se hicieron.
Lo que se pierde por no hablar de Matamoros
En esta ciudad, la elección de 2027 pesa más que la de 2028. Es la última con reelección consecutiva para alcaldes, según Expreso, y el alcalde Beto Granados podría buscar un segundo periodo. Una encuesta de Hoy Tamaulipas, con 384 entrevistas y ±5% de margen, le da a Morena 41.67% de preferencia en Matamoros. La misma nota registra, en la oposición, a Leticia Salazar (PAN), Roberto Lee (MC) y Yanin García (PRI), pero no menciona a un solo aspirante de Morena.
Es una asimetría extraña. Quien tiene más probabilidades de ganar es quien menos se nombra. Y mientras Morena resuelve a puerta cerrada, el PAN y MC dicen que Matamoros es una de sus prioridades. Los vecinos tienen derecho a saber quién quiere gobernarlos antes de que la candidatura esté decidida.
Lo que habría que exigir
- Que los aspirantes den la cara: quién quiere la candidatura, a qué cargo y con qué propuesta, sin esperar a que lo diga una columna.
- Que las encuestas internas publiquen fecha, método y resultados.
- Que los partidos que propongan a un exfuncionario con procesos abiertos aclaren con documentos en qué situación está.
- Que las encuestas que se difunden como prueba de apoyo incluyan su ficha técnica.
Ninguna de estas cosas es radical. Son lo mínimo para que una sucesión sea un asunto público y no una conversación entre élites. Si los partidos no las hacen, el trabajo de preguntarlo le toca a la prensa, y este medio seguirá haciéndolo.