Canadá amenaza con cortar la electricidad a Estados Unidos mientras la guerra comercial con Trump se sale de control

Ontario, Canadá.- La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos entró esta semana en su fase más hostil en años. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, amenazó públicamente con cortar el suministro de electricidad, níquel y uranio hacia territorio estadounidense, mientras el presidente Donald Trump respondía con nuevos aranceles y ambos líderes intercambiaban insultos personales que dominaron los titulares a ambos lados de la frontera.

«Lo voy a cortar. No van a sacar ni un grano de arena de Ontario», declaró Ford, en referencia a los minerales críticos que su provincia exporta a Estados Unidos. La provincia canadiense abastece de electricidad a aproximadamente 1.5 millones de hogares y negocios estadounidenses, y es un proveedor clave de níquel de alta ley y uranio refinado para la industria estadounidense.

De la mesa de negociación al insulto público

El detonante de la escalada fue el colapso de las negociaciones comerciales entre ambos países la noche del viernes 21 de agosto, apenas horas antes de que venciera un plazo fijado por Washington. Según el primer ministro canadiense, Mark Carney, Estados Unidos introdujo cambios de último momento a los términos propuestos que calificó de «injustos e ineconómicos». El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, ofreció una versión distinta: acusó a Canadá de presentar nuevas exigencias y de retractarse de compromisos previos después de que Washington ofreciera concesiones sustanciales en acero, aluminio, automóviles y madera.

Carney identificó tres puntos que, según él, hicieron naufragar el acuerdo. El primero fue el trato al contenido canadiense en la industria automotriz: Estados Unidos solo ofrecía alivio arancelario para autos y camionetas SUV, dejando fuera a los camiones medianos y pesados —como las líneas F-Series y Silverado— que se ensamblan en plantas de Ontario. El segundo fue una cláusula que, según Carney, buscaba restringir la capacidad de Canadá para negociar tratados comerciales con otros países. El tercero tocó un nervio sensible para Ottawa: presiones para modificar las protecciones al idioma francés, algo que el primer ministro describió como un intento de restringir «nuestra cultura y, en efecto, nuestra soberanía». Carney resumió su decisión de romper la mesa de negociación con una frase contundente: «Estás en guerra cuando te atacan. A nosotros nos atacaron.»

Horas después de la ruptura, el sábado 22 de agosto, la Casa Blanca impuso aranceles del 50% sobre cerca de 20,000 millones de dólares en productos canadienses, entre ellos lácteos, bebidas alcohólicas, cemento y equipo de hockey. Canadá respondió que aplicaría aranceles de represalia «dólar por dólar» a partir del 8 de septiembre, apuntando a sectores estadounidenses como el acero, los lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, la pulpa y papel, y los productos electrónicos.

Ford desafía a Trump: «que se consiga un paquete de baterías»

La reacción más visible, sin embargo, vino de Doug Ford, el primer ministro de la provincia más poblada de Canadá y una de las voces más beligerantes del gabinete canadiense frente a Washington. El lunes 24 de agosto, tras conocerse que Trump anunciaba nuevos aranceles del 50% sobre «todos los autos, camiones grandes y pequeños, autopartes y acero» a partir del primero de enero, Ford no midió las palabras: dijo que Trump «puede besarme el trasero» y lo calificó de «perdedor». En declaraciones posteriores a la prensa fue más lejos: «Este tipo es un perdedor, va a terminar siendo un perdedor.»

Ford planteó abiertamente usar los recursos naturales de Ontario como arma de negociación. «Cóbrenle el triple por el petróleo, el triple por la potasa, por el uranio», propuso, y añadió que Canadá debería «cobrarles mucho más, poner un arancel de exportación a su electricidad». Fue en ese contexto que lanzó la frase que más repercusión tuvo: «¿Qué harían sin el níquel de alta ley que les enviamos a Estados Unidos? Que se consiga un paquete de baterías.» El mensaje apuntaba directamente a la dependencia de la industria estadounidense —incluida la de vehículos eléctricos y semiconductores— de los minerales críticos canadienses.

Trump no se quedó callado. En su red Truth Social, restó importancia a las amenazas de Ford calificándolas de «puro ruido» y lo describió como «el hermano menos carismático, menos inteligente y en general poco impresionante» de alguien, en un comentario que generó controversia por su tono personal. Ford respondió calificando a Trump de «el rey de las bancarrotas» y afirmó: «Yo no le respondo a un dictador como el presidente Trump.»

Un patrón que ya se había visto antes

No es la primera vez que Ontario recurre a la amenaza energética como herramienta de presión. En marzo de 2025, en medio de otra ronda de tensiones arancelarias, Ford ya había impuesto un recargo del 25% a la electricidad exportada a ciertos estados fronterizos de Estados Unidos. En aquella ocasión, Trump respondió amenazando con duplicar los aranceles al acero y al aluminio canadienses, y finalmente ambas partes retrocedieron antes de que la medida se aplicara en su totalidad. Esta vez, sin embargo, el contexto es distinto: las negociaciones formales colapsaron por completo, los aranceles del 50% ya están vigentes y el intercambio de descalificaciones personales entre Ford y Trump ha elevado la temperatura política de un conflicto que, hasta hace pocos meses, se manejaba en un tono más diplomático.

Ford insistió en que «todo está sobre la mesa», lo que incluiría no solo la electricidad sino también restricciones a las exportaciones de petróleo y potasa. También reveló que se había opuesto a un acuerdo preliminar que habría obligado a restablecer la venta de licores estadounidenses en los estantes de las tiendas de licores de Ontario, otro capítulo de la disputa comercial que se libra en paralelo.

Lo que viene

Con los aranceles estadounidenses del 50% ya en vigor y la represalia canadiense programada para el 8 de septiembre —el martes posterior al feriado de Labor Day en Estados Unidos—, ambos gobiernos parecen encaminados hacia semanas de mayor confrontación económica antes de que exista una señal clara de reanudación del diálogo. Por ahora, la amenaza de un corte de electricidad sigue siendo eso: una amenaza, formulada por el gobierno provincial de Ontario y no por el gobierno federal canadiense, aunque enmarcada en la ofensiva más amplia que Ottawa ha adoptado frente a Washington. Si se concreta, afectaría directamente a millones de hogares y empresas en estados fronterizos de EE. UU. que dependen de la red eléctrica interconectada con Ontario, en lo que constituiría una escalada sin precedentes recientes en la relación energética entre ambos países.