Agua Prieta, Sonora.- Después de más de un año de suspensión, la frontera entre México y Estados Unidos volvió a abrirse al paso de ganado en pie. El cruce de Agua Prieta, en Sonora, reanudó operaciones el lunes 24 de agosto, marcando el primer paso de una reapertura gradual y estrictamente controlada, condicionada al cumplimiento de protocolos sanitarios frente a la plaga que originó el cierre: el gusano barrenador del ganado (New World screwworm).
La medida representa un alivio para miles de ganaderos mexicanos que durante más de un año no pudieron colocar su producto en el mercado estadounidense, y también para la industria cárnica de Estados Unidos, que resintió el cierre con un alza sostenida en los precios de la carne de res. Pero la reapertura llega acompañada de una salvedad importante: la plaga que motivó la clausura fronteriza sigue activa y expandiéndose en el norte de México, lo que mantiene en vilo a una parte del sector ganadero estadounidense.
Un cierre de más de un año
La frontera se cerró al tránsito de ganado a mediados de 2025, cuando el gusano barrenador —una plaga que provoca infestaciones letales en animales de sangre caliente al depositar sus larvas en heridas abiertas— comenzó a avanzar por el norte de México. Estados Unidos, que había erradicado la plaga de su territorio décadas atrás mediante un exitoso programa binacional de moscas estériles, optó por suspender las importaciones de ganado mexicano como medida preventiva ante el riesgo de que el parásito cruzara la frontera.
El cierre golpeó con fuerza a los ganaderos mexicanos, que vieron cerrado su principal mercado de exportación, y tuvo un efecto colateral en Estados Unidos: al reducirse la oferta de ganado, los precios de la carne de res se dispararon para los consumidores estadounidenses, lo que convirtió la reapertura de la frontera en un tema de presión política creciente en ambos lados.
Cómo funciona la reapertura
A diferencia de un simple levantamiento de la restricción, el regreso al comercio de ganado se está haciendo de forma escalonada y bajo un nuevo esquema de controles sanitarios diseñado para minimizar el riesgo de que el parásito viaje junto con los animales. Entre las medidas implementadas destacan el uso de aretes de identificación por radiofrecuencia (RFID) que permiten trazabilidad completa de cada animal, inspecciones fronterizas reforzadas con equipo especializado de detección, el uso de perros entrenados que examinan a los animales bajo supervisión de autoridades estadounidenses, y la liberación de moscas estériles como parte de la estrategia binacional para reducir la población del parásito en la región.
El cruce de Agua Prieta, en Sonora, fue el primero en reabrir, permitiendo un flujo inicial de hasta 700 cabezas de ganado al día hacia Douglas, Arizona. Las autoridades han anunciado que la apertura se extenderá progresivamente a otros puntos de cruce autorizados en Chihuahua, así como a los puertos de entrada de Santa Teresa y Columbus, en Nuevo México, conforme se confirme la estabilidad de las inspecciones sanitarias. A más largo plazo, se contempla la construcción de un Centro Integral Ganadero que elevaría la capacidad de cruce hasta 3,000 cabezas diarias, un volumen mucho más cercano al que existía antes del cierre.
El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, confirmó que las instalaciones de cuarentena y los protocolos sanitarios en la entidad ya están «plenamente operativos», y las autoridades de ambos países se comprometieron a reforzar las medidas sanitarias y a continuar con las campañas de supresión de la plaga como condición para sostener el flujo comercial.
La plaga sigue activa: no todos celebran
Pese al optimismo por la reapertura, persisten señales de que el gusano barrenador está lejos de estar controlado en el norte de México. En Chihuahua se han confirmado 67 casos desde su primera detección en julio, mientras que Sonora reportó dos casos apenas la semana pasada, tras anunciar su primera detección en la entidad. Ambos estados han activado protocolos de emergencia que incluyen inspecciones intensificadas, controles al movimiento de ganado y campañas de tratamiento. El parásito, además, ya ha sido detectado en territorio estadounidense, específicamente en Texas y Nuevo México, lo que alimenta la inquietud de una parte del sector ganadero de ese país.
Grupos de ganaderos y funcionarios estatales en Estados Unidos han expresado su preocupación de que reanudar las importaciones —incluso bajo controles reforzados— eleve el riesgo de que la plaga se propague más rápido en territorio estadounidense. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha respondido que la reapertura avanzará por fases y que en todo momento estará condicionada al cumplimiento de México con las medidas de control sanitario acordadas.
Como parte de la estrategia de contención regional, México puso en marcha una planta de producción de moscas estériles en Chiapas, técnica que consiste en liberar millones de moscas esterilizadas que se aparean con hembras silvestres sin producir descendencia, reduciendo gradualmente la población de la plaga. Estados Unidos, por su parte, está construyendo su propia planta de moscas estériles en Texas, cuya conclusión está prevista para la primavera de 2027, lo que le daría a Washington mayor capacidad de respuesta autónoma frente a futuros brotes.
Lo que sigue
La reapertura de Agua Prieta es, por ahora, un piloto cuidadosamente acotado más que un regreso pleno al comercio bilateral de ganado. Su expansión a otros cruces en Chihuahua y Nuevo México dependerá de que las cifras de contención de la plaga se mantengan bajo control y de que los protocolos de trazabilidad e inspección demuestren ser efectivos en la práctica. Mientras tanto, la coexistencia entre el alivio económico que representa la reapertura para los ganaderos mexicanos y la cautela sanitaria que exige la persistencia del gusano barrenador seguirá marcando el ritmo —lento y condicionado— con el que se restablece uno de los flujos comerciales más importantes de la frontera entre ambos países.