En año y medio, Donald Trump ha intentado cambiarle el nombre a un golfo, a un lago compartido con Canadá y ahora propone hacer lo mismo con uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta. El patrón ya es tan reconocible que se ha vuelto meme mundial.
Primero fue un golfo. Después, un lago. Ahora, un estrecho en plena zona de guerra. Donald Trump ha convertido el renombrar accidentes geográficos en una especie de firma personal, y cada episodio sigue el mismo guion: un anuncio grandilocuente, una orden o declaración pública, la indignación del país vecino o rival de turno, y una ola de memes que recorre el mundo en horas.
Esto es lo que ha cambiado de nombre —oficialmente o solo de palabra— en los últimos veinte meses:
| Fecha | Cambio propuesto |
| Enero 2025 | Golfo de México → «Golfo de América» (orden ejecutiva, uso oficial de EE.UU.) |
| Agosto 2026 | Lago Ontario → «Lago América» (orden ejecutiva, en plena guerra comercial con Canadá) |
| 2 de septiembre de 2026 | Estrecho de Ormuz → «Estrecho de Trump» (propuesta pública, en plena escalada con Irán) |
El golfo que abrió la veda
Todo empezó el mismo día en que Trump volvió a la Casa Blanca. Una de sus primeras órdenes ejecutivas instruyó a las agencias federales a usar «Golfo de América» en lugar de «Golfo de México» en mapas y documentos oficiales de Estados Unidos. México, con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, rechazó el cambio y siguió llamándolo Golfo de México, mientras Trump aseguraba después que el país «lo había aceptado sin problemas» —una afirmación que el propio gobierno mexicano no confirmó en esos términos.
El lago que le respondió con un cartel gigante
En agosto de 2026, en medio de la guerra comercial con Canadá, Trump firmó otra orden ejecutiva: el lago Ontario pasaría a llamarse «Lago América» en el uso oficial estadounidense. La respuesta canadiense no se hizo esperar. El primer ministro Mark Carney contestó en tono seco: «Lago Ontario, antes, ahora y siempre». El premier de Ontario fue un paso más allá y mandó instalar un cartel gigante con el nombre «Lake Ontario» bien visible, en lo que medios canadienses describieron como una auténtica «guerra de carteles».
«Ahora y siempre» —Mark Carney, primer ministro de Canadá
El estrecho que Irán no está dispuesto a ceder
El episodio más reciente y más delicado. Con la tensión militar entre Washington y Teherán en aumento por el control del estrecho de Ormuz —paso obligado de buena parte del petróleo que se comercia en el mundo—, Trump ya había publicado en redes una imagen mostrando el estrecho como si fuera territorio estadounidense y advertido a Irán sobre minas en la zona. El 2 de septiembre dio un paso más: propuso llamarlo directamente «Estrecho de Trump», asegurando que así «será más sexy que nunca». Irán no tardó en responder.
«Es y seguirá siendo iraní» —respuesta oficial de Teherán
¿Cambia algo en la práctica?
En los tres casos, el alcance real es más limitado de lo que sugiere el titular: estas órdenes y declaraciones rigen, en el mejor de los casos, el uso oficial de Estados Unidos —sus mapas, sus agencias, su papelería—, pero no tienen fuerza para imponer un nombre a nivel internacional. El golfo sigue siendo «Golfo de México» para la ONU y para la inmensa mayoría de países; el lago Ontario sigue siendo Ontario para Canadá; y el estrecho de Ormuz, compartido por Irán y Omán, no cambia de nombre porque Washington lo proponga. Lo que sí cambia, episodio tras episodio, es la conversación global: cada anuncio funciona como un pulso de fuerza simbólica hacia el país vecino o rival del momento, y se viraliza precisamente por lo insólito de la ambición.
Con México, Canadá e Irán ya en la lista, la pregunta que circula en redes sociales es inevitable: ¿cuál será el próximo accidente geográfico en la mira?