Trump dice que Estados Unidos no necesita a Canadá. Los números dicen lo contrario

«WE DON’T NEED CANADA, THEY NEED US!» («¡No necesitamos a Canadá, ellos nos necesitan a nosotros!»). Con ese mensaje, publicado esta semana en su red social, el presidente Donald Trump volvió a repetir una de sus frases favoritas sobre la relación comercial entre ambos países. El problema es que, en la misma semana, el propio mandatario se contradijo a sí mismo con una confesión que desmiente meses de retórica.

Una postura que Trump repite desde hace tiempo

No es la primera vez que Trump plantea esta idea. Ya lo había dicho, casi con las mismas palabras, durante su discurso virtual ante el Foro Económico Mundial en Davos, en el arranque de su segundo mandato: «No necesitamos que hagan nuestros autos. Y hacen muchos. No necesitamos su madera, porque tenemos nuestros propios bosques. No necesitamos su petróleo y gas, tenemos más que nadie». En esa misma intervención calificó a Canadá como «muy difícil para negociar» y insistió en que Estados Unidos mantiene con ese país un déficit comercial que en esa ocasión situó entre 200,000 y 250,000 millones de dólares —una cifra que, vale notar, ha variado según el momento en que la menciona.

La contradicción que lo desmiente

Lo que ha dado la vuelta esta semana es que el propio Trump, en un desliz de honestidad, admitió: «Este país necesita desesperadamente aluminio. No lo tenemos. Lo conseguimos casi todo de Canadá». La frase resulta especialmente incómoda porque su propio gobierno le impuso un arancel del 50% al aluminio canadiense, encareciendo precisamente el insumo que él mismo reconoce que Estados Unidos no puede producir por su cuenta.

Lo que dicen realmente los números

Los datos económicos, lejos de respaldar el «no los necesitamos» de Trump, muestran una dependencia profunda y multidireccional entre ambas economías:

Energía. Cerca de 4 millones de barriles de crudo canadiense entran a Estados Unidos cada día, lo que representa casi el 20% de todo el petróleo que consume el país —combustible que mueve autos, aviones y buena parte de la industria estadounidense.

El déficit comercial, en perspectiva. Sin contar las exportaciones de energía, Estados Unidos en realidad tendría superávit comercial con Canadá, no el déficit de 48,300 millones de dólares que suele citar la administración Trump. En otras palabras: buena parte del «déficit» que tanto molesta a Trump proviene precisamente del petróleo y gas que él mismo dice no necesitar.

Materiales críticos. Canadá suministra más del 80% de las importaciones de potasa de Estados Unidos, un insumo esencial para la producción de fertilizantes agrícolas. La fundición de aluminio canadiense, además, consume una cantidad de electricidad equivalente a la generada por 10 represas Hoover. Y en 2023, Canadá aportó el 85% de toda la electricidad que Estados Unidos importó del exterior.

Industria automotriz. La integración es tan profunda que las piezas de un solo automóvil pueden cruzar la frontera entre ambos países hasta seis veces antes de que el vehículo quede finalmente ensamblado —una cadena de producción que sería extremadamente costosa de replicar solo del lado estadounidense.

Volumen total de comercio. En conjunto, Estados Unidos y Canadá intercambian aproximadamente 872,000 millones de dólares en bienes y servicios cada año, una de las relaciones comerciales bilaterales más grandes del mundo.

Los aranceles, en medio de la contradicción

Pese a este nivel de interdependencia, la administración Trump ya impuso aranceles del 50% a cerca de 20,000 millones de dólares en productos canadienses —aproximadamente el 5% del total de las exportaciones de Canadá hacia Estados Unidos—, aunque excluyó explícitamente a la energía de esas medidas. Es decir, incluso al aplicar la presión arancelaria, la propia Casa Blanca reconoció implícitamente que hay sectores —empezando por el energético— que no puede permitirse encarecer.

El trasfondo político

Esta disputa retórica ocurre en medio de negociaciones comerciales más amplias entre ambos gobiernos, con Trump insistiendo en que Canadá depende más de Estados Unidos que viceversa, mientras la evidencia económica sugiere una relación de dependencia mutua y profundamente entrelazada —construida durante décadas de integración industrial, energética y de cadenas de suministro entre ambas economías norteamericanas.